jueves, 17 de septiembre de 2015

De blogger a vlogger: 10 años de documentar mi vida


Según dan cuenta los archivos, fue un 18 de septiembre de 2005 cuando escribí el primer post de mi recién creado blog Ratona de tv. En aquel entonces tenía dos años de haber comenzado mi vida laboral, y en la segunda cosa que invertí mis bien merecidos salarios fue en una computadora de escritorio (la primera, adivinaron, fue una televisión). Era una maravilla tener mi propio equipo en mi propia recámara, y tener conexión a internet me daba la sensación de que tenía el mundo a mi disposición con tan solo dar click. Así, ociosa, mientras me comunicaba con el mundo por medio de mi Messenger de Hotmail, me divertía por horas explorando con asombro esos sitios personales que solían llamar Bitácoras (después se popularizó como Blog) donde se podían leer los pensamientos, ideas, comentarios, frustraciones, recomendaciones o pendejadas que el dueño de cada sitio exponía ante los demás. Y no sólo eso, sino que además se podía interactuar y dejar comentarios sobre eso que alguien en otro punto geográfico redactó y que uno, sin conocerlo siquiera, tenía frente al monitor. Para mí eso era todo un acontecimiento, que por lo menos tenía un par de años de haber comenzado a emerger.

Recuerdo el primer blog que comencé a seguir: el autor se nombraba El Huevo, y por azares de la vida aún sigo a este personaje pero ahora en su cuenta de Twitter... no sé, era demasiado listo y demasiado sarcástico como para hacerme pasar horas de mucho entretenimiento. Después descubrí a Alma, quien escribía desde Colima asuntos muy personales, a David Moreno desde Yucatán (ahora en Campeche), con quien compartía afinidades televisivas... Y entonces decidí invertir esos múltiples ratos de ocio en crear mi propio espacio. 

Sonaré como abuelita, pero Blogger ya no es lo que era, y en aquel momento uno tenía que aprender lo mínimo de código html (cosillas muy básicas) para poder decorar ese ciberrinconcitopersonal de acuerdo a nuestro propio estilo. Yo entraba a muchos blogs para ver sus aplicaciones y buscar la forma de incrustar contadores, relojes y demás chucherías desde sitios que los generaban de manera gratuita pero siempre en el dichoso código extraño. A fuerza de practicar, de invertir cualquier cantidad de horas nalga, y motivada por exponer mis letras al ancho y largo mundo virtual, mi primer blog quedó listo, y Ratona de TV creó su primer post cuyo interesantísimo contenido era un par de fotos, una de la serie Dawson´s Creek y otra de Beverly Hills 90210 que decía "Duelo de series... ¿Dawson´s Creek o 90210?" Brutal mi primera contribución. 

Poco después fui conociendo esta nueva forma de expresión, comprendiendo que la interacción con otras personas podía resultar muy interesante. Ser un "blogger, es decir, una persona activa en la acción de redactar entradas que se mostraban cronológicamente de manera continua, tenía sus responsabilidades, y si se deseaba ser leído por otras personas era indispensable darse a conocer. El fenómeno era tan extraño que a veces, sin hacer mucho ruido, descubrías que un post cualquiera podía tener visitas de gente totalmente desconocida que por desconocidas razones llegaba a tu sitio. Y así fui emocionándome, contagiándome del ejemplo de otras persona que al igual que yo le entraban a estas novedades tecnológicas, como mi amiga Eva Varona, y conociendo a otras que en aquel momento estaban del otro lado del mundo pero con pasiones igualmente compartidas, como mi querida Cristina. 

Meses después saqué otros dos blogs (estaba picada, lo sé): uno dedicado a mis preciosos perritos Pochaco y Toto (Vida de perros consentidos), con lo cuál pude ser parte por un buen rato de una comunidad increíble con perritos de todo el mundo que, al igual que los míos (o más bien sus dueños), documentaban el día a día por medio de fotografías y textos hermosos. El otro fue este, un sitio que albergó mis Policromías que ya tenían un tiempo de haber comenzado a publicarse. 

Han pasado 10 años y me resulta increíble que esa parte de mi vida personal y profesional ha quedado documentada en estos espacios que cualquier persona (cualquiera interesada, por supuesto) puede leer. Me sorprende ver mis primeras entradas en Ratona de TV y el tipo de textos que puedo subir ahora. 

Increíble y circunstancialmente el pasado 14 de septiembre acabo de estrenarme como Vlogger, así, con V. Vlogger es un término que resume el video blog, es decir, videos que documentan de manera cronológica la vida, las pasiones, intereses, comentarios y pendejadas de la gente. Y las reglas no han variado mucho, sólo que ahora la interacción se da desde muchas otras redes sociales, pero la dinámica de conocer a alguien, de encariñarte con lo que tiene que decir, de comentar y participar en la conversación que se inicia desde un medio audiovisual es igual. 

Gracias a mis nuevas actividades laborales he entendido que ser Vlogger resultará un apoyo fundamental a mis estrategias mercantiles, pero también porque al igual que hace 10 años, el fenómeno de esta manera de expresión me asombra tanto que moría por ser parte de él. Y así, en video, empiezo a dejar constancia de algunos aspectos de mi vida diaria junto con Tokotina (al parecer la gran protagonista) esperando que toda persona afín a mis pasiones e intereses me siga, y me deje un mensajito, una palabra, una interacción. Es increíblemente fantástico cuando eso sucede. 



No pude celebrar de mejor manera mi primera década inmersa en las redes sociales: haciendo la transición de una bitácora a otra, asumiéndome como blogger y luego como vlogger. Velitas, porras, fanfarrias y espantasuegras para festejar semejantes eventos... y miles de gracias a todos aquellos que de manera casual o afectiva han estado en contacto conmigo por estos medios: su comunicación me alimenta y emociona muchísimo. 

¡Feliz cumpleaños a mi!

jueves, 27 de agosto de 2015

Fin de la vacación...

Te fuiste y este pequeño espacio que compartimos por dos semanas ha vuelto a ser lo que era, pero quizá un poco más vacío que antes.

El ventilador no estará prendido por las noches, cosa que no extrañaré en lo más mínimo. Volveré a cenar lo mismo de todos los días, a levantarme, hacer mi rutina, a prender el teléfono temprano para esperar amorosamente la primera llamada del día.

El control remoto estará a mi única disposición las 24 horas del día; se acabaron los documentales nocturnos y los asombros diarios sobre los extraterrestres que viven entre nosotros. A partir de hoy vuelven las telenovelas y los programas de cambio de look, de comida y algunos otros reality shows.

Todo vuelve a lo que era.

Y aún así, lo que era se queda sin sentido si no estás aquí.

martes, 11 de agosto de 2015

NanoPyme muy abrazadora

Estoy escuchando música realmente inspiradora, y desafortunadamente las energías no están como para ponerme a trabajar esta noche como era el plan (ya estoy viejecita y de pronto las neuronas no funcionan como antes), pero a falta de ganas de hacer lo que sí debo hacer he preferido escribir porque últimamente este blog anda muy llenito de cosas bonitas y quisiera compartir algunas, nomás por el mero gusto de hacerlo.

Primero, un poco de antecedente:

Yo nunca, nuncamente jamás de los jamaces me consideré una persona workoholic (adicta al trabajo) o demasiado inquieta como para estar metida en mil cosas a la vez. Nada de eso. Mis mejores recuerdos de secundaria, prepa y universidad radican en que fui de lo más pasiva y que tuve la fortuna de ser estudiante de tiempo completo, sin ganas ni necesidad de tomar cursos por la tarde o trabajar en otras cosas... nada de eso. Mis veranos eran increíblemente felices entre los libros que devoraba y mis giras artísticas para saludar a la familia, y eso ocurría mientras, por ejemplo, mi hermana estudiaba una carrera escolarizada y otra en las vacaciones largas. Yo jamás me vi con talento ni aptitudes para atender tantas cosas a la vez, y viví mucho tiempo así hasta que comencé mi vida laboral y algún chip interno que se me fundió fue, lo afirmo con toda seguridad, reemplazado por otro que no era para mi, como en aquel capítulo de los Simpson donde Homero quiere bajar de peso a través de una grabación subliminal pero como ya no había de esas le mandan la de mejorar el vocabulario (ay, amo ese capítulo, el hombre no baja ni un gramo pero habla como representante de la RAE). El caso es que desde 2003 algún hechizo mágico me embrujó y de pronto me han dado ganas de hacer muchas muchísimas cosas, de hecho en mis tiempos libres fue como aprendí a bloguear y a ocupar esta fantástica herramienta hace 10 años. De entonces a la fecha he combinado aquello que en cada etapa me ha apasionado (hacer televisión, trabajar haciendo difusión) con la escritura, las colaboraciones de radio/tele por internet, dar clases (que ya he dicho en este espacio, y no me cansaré de repetir, que definitivamente no es lo mío)... es más, en algunas ocasiones hasta he tenido dos trabajos a la vez, hecho inédito siendo como he sido.

[fin del antecedente]

Pues bien, a mis 36 años de vida me doy cuenta que, en efecto, el hechizo mágico sigue en mí y cada vez hablo mejor castellano que bajar de peso (en serio, este capítulo es la neta, aquí les dejo el clip para quienes no lo han visto). Mis días de pasar horas en la cama mirando al techo regresan de pronto, pero ya nada es como antes. Ahora me descubro muchas veces diciendo "tengo mucho quehacer" y de pronto eso me asusta un poco, porque en teoría estoy en una etapa en la que eso no era parte del plan. Bueno sí. Bueno, ya no sé.



En abril de este año renuncié a mi trabajo porque los planes a futuro me llevaron a tomar esa decisión; hice maletas, regresé a casa de mis papás, y entre las muchas cosas que tenía en mente estaban escribir textos para publicar (y sacarle jugo a la maestría que tantas lágrimas me costó), y también dedicarle mis mañanas, tardes y madrugadas enteras a levantar un proyecto largamente acariciado: mi propia tiendita online. Muchas preguntas surgen respecto a esto porque mi experiencia profesional no está muy ligada con esta actividad, pero tengo ganas y eso es lo que importa.

Desde abril a la fecha he hecho tantas cosas que me asusto. Y me asusto más porque a veces siento que mi capacidad neuronal no es apta para esto y pues, qué pena con la gente que confía en uno y uno sale con sus explicaciones absurdas. Y al final logro terminar las cosas, no sé ni cómo ni por qué pero sucede. Y eso sucede encerradita en mi casa, en piyama, en fachas, en chanclas rosas sin adornos ni chiste alguno que espero pronto puedan subir de categoría y ser reemplazadas por chanclas de Conejitos o de Hello Kitty como todo freelance que se precie de serlo lo amerita, porque hasta en el  calzado de descanso hay clases.

Me encanta cuando vienen mis sobrinas y les digo que están en mi oficina; "¡pero si es tu casa!", me dijo sorprendida Niñita 2 un día. Y me encanta explicarles que mi oficina es mi casa y viceversa. De pronto parecería que no estoy haciendo nada porque por las actividades que solía realizar mucho de mi trabajo siempre era fácilmente monitoreable: cuando trabajaba como asistente/realizadora de tv mis horas laborales resultaban en programas que se podían ver; cuando trabajaba en difusión todo tenía constancia en redes sociales, en fotografías, en blogs. Pero ahora mucho de eso no es tan visible... por el momento.

En estos meses he escrito algunos textos que no han podido ser publicados (eso toma su tiempo, ya lo estoy aprendiendo), trabajo un poco de manera externa (cosa que es monitoreable pero no siempre es muy presumible, jejeje), y el trabajo que se ha llevado el proyecto de mi tiendita es, literalmente, invisible por el momento. Hoy me encontré a una persona muy linda con la que conviví mucho en el pasado y al contarle todo lo que por el momento me ha implicado esto que en mis términos podría considerarse como el proceso de "preproducción", me impresioné. ¡Me di cuenta que en realidad todo el tiempo estoy trabajando! Aprender a ser emprendedora, aprender cómo usar las redes sociales para promover una tienda, aprender de contenidos, aprender a emplear todo correctamente, a darme de alta en el SAT, a cómo tomar las mejores fotos, tutoriales, consumiendo muchos contenidos, elaboración de gráficos, contenidos y más contenidos que puedo ligar con el tema de la tienda y mi propio quehacer profesional... Pfffff. Por supuesto que también es la gana de una de querer hacerlo todo yo solita, por lo que mi amiga me dijo que más que una MiniPyme lo mio suena como una NanoPymeUnipersonal, y me encantó la definición.

Pero días como hoy me tienen así, con mi mente en mi NanoPyme, con trabajos freelance algo pesados, con otros trabajos freelance que tengo que terminar YA, con la fe en mi NanoPyme (¿ven cómo no dejo de pensar en ello), y sobre todo porque por fin este viernes comienzan mis anheladas, acariciadas, esperadas y soñadas vacaciones de verano, con cierto galán que viajará algunos cuantos kilómetros para venir por su doncella, y por la mascota de la doncella, y así disfrutar juntos de un muy merecido descanso. Y al final termino escribiendo en mi blog... ¡bah!

Y como si no fuera suficiente, tengo que alimentar de contenidos mis otros blogs, leer, interactuar en redes, leer, ver televisión (o sea, me tengo que poner al corriente de lo que sucede en mi primera gran pasión de vida)... La verdad es que qué bueno que no tengo hijos, porque a estas alturas ya los hubiera ido a regalar al DIF o alguna causa benéfica, jejeje. Entre mi Tokotina y ese pequeño bebé que es mi NanoPyme estoy lo suficientemente ocupada como para pensar en otra cosa. ¿Y de qué trata mi proyecto/tiendita?

Mi NanoPymeUnipersonalProyectoTiendita es un asunto muy abrazable, segunda gran cosa ilógica porque así como yo nunca fui una persona de muchos quehaceres tampoco soy alguien que ame el contacto físico. En realidad no voy por la vida saludando de beso a la gente ni repartiendo abrazos a la menor provocación, pero quizá mi manera de hacerlo es diferente, y por eso entre muchas otras cosas es que esto fue bautizado como ABRAZOS VERDES.

Mis AbrazosVerdes y sus redes sociales... ¡Síganlas!

Abrazos Verdes es un proyecto que abraza tal cual lo que comenzó siendo La Casa de Poch, es decir, un rinconcito en internet donde poder encontrar productos que fomenten un estilo de vida ecológico y responsable con el medio ambiente, tanto para el consumo de los perritos como ahora también del consumo humano. La verdad me emociona porque más que una venta, esto lo estoy haciendo con mucho amor y con muchas ganas de transmitir lo que en muchos aspectos es un estilo de vida para mi, sin poses ni modas. Desde hace muchos años yo reciclo mis botellas, separo el cartón, reuso el vidrio, levanto las popós de mi Toko en la calle, uso bicarbonato y vinagre para algunas cosas de limpieza, tomo agua en mis botellitas, compro papel biodegradable (servilletas, rollos, etc) o reciclado (para imprimir), etc. Y en realidad eso es lo que quiero transmitir a partir de productos que he encontrado que me han sido súper útiles para contribuir con esto de reducir mi huella ecológica y que, además, lo hacen bonito y atractivo. Mis Abrazos Verdes buscarán tener cosas bonitas para la gente que quiera transmitir amor por el planeta pero, sobre todo, amor por nosotros mismos, porque (sin ningún afán de predicar), creo que el hacer este tipo de conciencia si bien debe de ser una acción hecha pensando en nuestro entorno y quienes viven en él, creo que principalmente nos beneficia a cada uno de nosotros de manera individual y partiendo de esa base es que nos beneficia a nivel colectivo.



Así que de eso tratan mis días. Mis Abrazos están esperando pacientemente para que los pueda sacar a la luz y así brindárselos a todos y cada uno de ustedes para que a sus vez los repartan con sus propios seres queridos, y mientras tanto sigo haciendo cosas aquí y allá. Haciendo como que hago, pues.

Y mientras todo eso ocurre les agradeceré chorros que colaboren con un like, con un me gusta, con un retuit, un comentario o una interacción en las redes sociales tanto de mis Abrazos (FB, Twitter, Instagram, Pinterest) como de mi Casita de Poch, y si les gusta lo que estoy por emprender, lo compartan. Creo en la onda colaborativa que se expande últimamente, y estoy segura que la unión de muchas voluntades logra cosas bien bonitas.



Así las cosas, esta NanoPymeUnipersonal se va a dormir porque mañana tengo mucho quehacer (¡les digo!) y mis ojitos ya no van ni para allá ni para acá.

Los abrazo cibernéticamente y en colores verdes, curiosamente, el tono del chakra del amor.

viernes, 7 de agosto de 2015

MFT 2

Mis sobrinas. Las amo por hacerme reír, y sobre todo por considerarme alguien importante en sus vidas... y cuando se portan bien, ¡vaya que me divierto con ellas!

Son tres pero aquí aparece más una, en representación de las hermanas.


sábado, 1 de agosto de 2015

MFT 1

Pues comenzaré con esta lista, sin una numeración en particular. Son las cosas que estos días he ido pensando y que, tan sólo de pensarlas, me han inspirado. MFT será el nombre corto de

MY FAVORITE THINGS:

HelloKitty. En todas sus presentaciones soy harto fan de este dibujito que a su vez se traduce en objetos múltiples. Desde que era niña mi mamá me ponía ropa con la Kitty, o quizá por regalo llegué a tener bolsas, salvavidas y algunas otras chácharas. Debo reconocer que las cosas que hoy tengo son en su mayoría, obsequiados, ya que este es un vicio que la gente sigue fomentándome, ¡y lo agradezco muchísimo!



Post its. Simplemente considero que han sido uno de los mejores inventos del hombre en esta Tierra. Los amo en cualquiera de sus formas, tamaños y colores; me han sido de tanta utilidad para lecturas, recordatorios, orden, notas... ¡LOS AMO!

Ver la luna y las estrellas desde la azotea de casa de mis papás. Justo ayer lo hice después de tantos años, salí a media noche a ver la famosa Luna Azul.

Hallazgos. Quizá por ser hija de un Auditor, quizá por mi gusanito de investigadora (y no privada)... el caso es que cuando logro dar con algún hallazgo que parecía nunca iba a descubrir, o simplemente cuando llego a tener un conocimiento nuevo me emociono al límite, y a veces hasta bailo y toda la cosa.



Brincar. Desde niña me gusta mucho brincar. Mi mamá no me dejaba hacerlo en la cama (por supuesto que lo hacía de contrabando), pero me sucede sobre todo cuando estoy contenta. A veces brinco la cuerda, a veces brinco nomás por estirarme, a veces nomás nada. Pero de que me gusta, me encanta.

Ver imágenes bonitas. Antes no sé cómo saciaba este gusto, pero gracias a las redes sociales puedo pasar horas felices y muy dichosas viendo imágenes lindas en Instagram, Pinterest o Tumbrl. Sí, curiosiar en la vida de los demás puede ser muy divertido, pero últimamente me ha dado más placer encontrar a gente que, como yo, prefiere encontrar en los dibujos felices un escape, una oportunidad  para viajar a otras realidades.



Netflix. Una vez me preguntaron que si yo podría vivir sin televisión y contesté que no, que nunca. Me dijeron entonces que si el internet no suplía esa carencia y dije que no, que para mí la tele es la tele y nada ni nadie sería capaz de suplantarlo. Sin embargo el día de hoy puedo decir que sin Netflix mi vida sería espantosa y miserable. Puedo pasar maratones completos embobada, enviciada, o simplemente puedo hacer trama con alguna serie de la que no estoy muy segura y ver los dos primeros y luego los dos últimos. No me culpen, a veces hago eso también con los libros, y bueno, al menos para que cuando me pregunten sepa yo algo al respecto, jejeje.



Soñar. Todas, TODAS las noches sueño. No hubo mejor cosa en la película de Intensamente que retratar al apartado de los sueños como una productora de cine. Juro por Dios que me mira que los guionistas que habitan en mi mente son la cosa más trabajadora del mundo, y lo cierto es que tengo el hábito de que cada mañana al despertar pienso en lo que soñé para que no se me olvide. No lo anoto, pero debo confesar que todavía recuerdo sueños que tuve de niña.

jueves, 30 de julio de 2015

My favorite things, la lista

La palabra misteriosa de estos días ha sido, sin duda, INSPIRACIÓN. 

El post anterior fue titulado de esa manera, pero en realidad esto ha sido una constante desde hace algunos cuantos días, y les diré por qué:

Como ya les conté mis talentos y pasiones desde que fui una preciosa niñita fueron oscilando entre el dibujo y la escritura; como ya les conté la historia del primero, narraré de veloz manera el segundo. Sucede que empecé a llevar un diario a partir de los 9 años y aunque no tenía nada interesante ni relevante qué decir, me fui creando el hábito de pensar en mi día, resumirlo y así aprender a narrárselo a un posible lector (aunque por supuesto no aspiraba a que nadie estuviera hurgando entre mis cosas, verdad). Eso me sirvió para que cuando ocurrió el gran acontecimiento parteaguas de mi vida tuviera herramientas para, a mis escasos 11 años, pudiera sentarme a escribir cartas y cartas contándole a mis amigas las grandes aventuras de mi terrible mudanza de Oaxaca a Xalapa. Así sucedió hasta que pasaron los años y entendí que esas cartas que muchas veces me daba flojera llevar al correo podían ser cartas para mí misma, y entonces retomé la costumbre de llevar una especie de diario pero que escribía (¿por qué no?) en horas escolares, en mis libretas de la secundaria. 

Con esto de la abejilla ilustradora que me picó semanas atrás me animé a ir a mi recámara-penthouse (era el cuarto de servicio que desde los 13 años adopté como mi cuarto que ahora, por causas de fuerza mayor se ha convertido en bodega), y por andar buscando una libretita con cositas que dibujaba de chamaca, abrí cajones llenos de recuerdos y alguna que otra porquería, desde los cuáles volaron cosas como un folder sobreviviente de aquellos años de secundaria donde están guardadas innumerables hojas arrancadas llenas de palabras, narraciones, cartas, historias, poemas (sí, según yo escribía poemas y canciones), y francamente no tuve el valor de leer nada de eso... aquello apestaba a exceso de drama adolescente de los feos. Sí, siempre he sido medio intensa y no lo niego, pero el tema de este post no es hablar de mis tragedias juveniles, sino que en medio de aquella bola de papeles estaba una lista que hice muchos años después en la que escribí cuáles eran mis 100 cosas favoritas de entonces. Tampoco la quise leer, pero algunas cosas las puedo decir de memoria, y francamente algunas han variado un poco. 

Pero volvamos al tema de la inspiración. Esta etapa de mi vida ha sido emocionante, cargada de ilusiones, pero para una personita aprensiva e intensa como yo estos momentos no siempre resultan tan felices. En menos de un año renuncié a mi trabajo, me mudé de la casa que habité por casi 6 años, volví a la casa de mis padres, he aprendido lo que es trabajar en piyama, he leído sobre lo que me gusta pero sigo sin concentrarme en las novelas, he escrito mucho aunque es la fecha en la que nada se publica y por eso no tengo mucho qué presumirles, he invertido largas y felices horas en echar novio vía Facetime, he dejado de ver telenovelas y he visto más series, y de una vez por todas estoy tomándome en serio esto de ser emprendedora para iniciar mi aventura Pyme, por lo que estoy aprendiendo todo lo que de inicio tengo que aprender respecto a los negocios en línea y cómo usar las redes sociales para ser visible en medio de la inmensidad cibernética. Y en este proceso autodidacta es que me he encontrado con ilustradoras que, además de maravillarme con sus trabajos, me han mostrado "la fórmula" para tener cautivos a sus miles de seguidores, que radica principalmente en compartir algo más que sus gráficos: comparten un pedacito de sus vidas, ya sea de manera escrita, en fotografías o en videos (todo igual de adictivo para mi). 

Una de ellas particularmente me dejó pensando mucho en lo que ahora es este post. Ella hizo un vlog (o sea, una bitácora pero en video), donde decía cuáles eran las 50 cosas que la definían, y mencionó lo que le gusta pero también lo que le disgusta, así que con la misma pasión con la que habla de sus plumones favoritos o de lo feliz que le hace vivir de dibujar, habla de lo que odia o le causa mucho asquito. Y entonces me dejó la sensación de que yo necesito hacer una lista así aunque, ¡ajá!, ya había hecho una que encontré días antes en ese cajón húmedo y polvoriento. Cuando hice esa lista, al igual que la vloggera, estaba en un momento de mi vida lleno de emociones felices. Y me doy cuenta que después tuve la oportunidad de escribir mis Policromías y de hablar abiertamente justamente de muchas de las cosas que me hacían feliz y de las que no. Pero la época de esas columnas terminó y de igual forma se cerraron muchos ciclos de la vida que narré en esos años, y sin darme cuenta construí una muralla alta y muy segura en la cuál resguardé mis emociones, de tal suerte que a muy pocas personas les permití estar al tanto de lo que me iba ocurriendo. Después vino la maestría, la tesis... los pretextos fueron fluyendo de manera natural. Entonces regreso cuánticamente a mi momento actual y me doy cuenta que lo que tanto recomiendan y en lo que tanto énfasis hacen para destacar en las redes sociales, que es el compartir emociones por encima de una marca, es algo que yo ya había hecho pero que ahora me está costando mucho trabajo retomar. Derribar murallas, o al menos quitarle algunos de los más altos tabiquitos no está resultando cosa fácil. 

Y entonces heme aquí, en medio de la noche después de tomar mis dosis diarias de inspiración en Youtube e Instagram, pensando seriamente en la idea de volver a hacer esa lista con 50, 60 o 100 cosas que me recuerden lo que me hace feliz, lo que me apasiona, lo que define a la persona que soy el día de hoy. Pienso en Julie Andrews cantando "My favorite things" en su cuarto antes de ser descubierta por el Capitán Von Trapp y la abejilla loca que ya había empezado a zumbar como loca con la dibujada ahora parece que está bailando un muy alegre cha cha chá. Así que a pesar de que tengo varias redes sociales me parece más natural y cómodo ir registrando esta lista aquí, en mi querido blog, en este espacio que ha albergado historias buenas y malas de mi vida que he sido capaz de compartir con la gente, no sé si mucha o poca, pero con más de las que posiblemente he imaginado. 

Así que la cosa será la siguiente: no me voy a forzar a escribir 5 cosas por día, ni todos los días. Simplemente las iré posteando conforme las vaya sintiendo y quedarán aquí plasmadas, para que el día que se me olviden tenga un más fácil acceso a ellas. 

Parecerá que sólo lo estoy haciendo por un afán mercantil, pero no, esto suena más a proceso interno y de sanación que otra cosa. Quiero hacer extensiva a mi vida la pregunta que hace poco me hizo una persona con la que estoy trabajado cuando dijo: "¿a ti qué te inspira?" Quiero compartir con ustedes la caída de mi muro de Berlín particular que ha divido a la que fui de la que soy, quiero reconciliar estas emociones, y quiero además de compartir mis cosas favoritas y las no tanto en una lista, hacerlo paulatinamente en mi Twitter o Instagram. De cualquier forma un pedacito de esas pasiones que están aflorando con mi proyecto Minipyme tienen la intención de transmitir algunas de esas cosas que son hábitos y un estilo de vida para mí. 

Si quieren acompañarme los invito a que me sigan (si no lo han hecho) en alguna de esas redes además del blog, y que, si les inspira (otra vez esa preciosa palabrita), ustedes también hagan la suya propia por medio de palabras o imágenes. Podremos hacer quizá una bonita comunidad de gente que recupera sus pasiones perdidas y las convierte en sus motores. ¿Lo hacemos juntos? 

sábado, 18 de julio de 2015

Inspiración

Autorretrato, 2015
Hace un par de días escuché a mis sobrinas responder de manera firme y segura al cuestionamiento de "¿y tú qué quieres ser de grande?". Gaby, de 9 años, primero dijo que quería ser pastelera aunque minutos antes confesó que le gustaría trabajar en la televisión (juro que no tuve nada que ver en eso), y Daniela, de 5 años, afirmó que lo suyo lo suyo será ser pizzera y bailarina, en ese orden. Me acordé que cuando yo estaba en ese rango de edad solía contestar una serie de profesiones que hoy en día me parecen poco menos que terribles, tales como veterinaria, maestra de inglés o de kinder. Pero eso cambió cuando comencé a desarrollar un infinito gusto por dibujar y entonces supe que lo mío sería algo que tuviera conexión directa con los trazos y los colores: arquitecta, diseñadora gráfica o lo que fuera donde uno pudiera hacer cualquier garabato. Por supuesto que cuando comencé a escribir supe que lo mío lo mío era eso, y en el instante en el que una buena persona me dio un folleto de la carrera de Ciencias de la Comunicación en mis días de puberta supe que no habría nada más en el mundo que eso, ya que reunía muchos de mis gustos y habilidades descubiertas... y entonces ya no hubo vuelta atrás.

Conforme fui creciendo muchos de mis modestos talentos fueron reforzándose y otros simplemente se guardaron en el cajón de los recuerdos felices. El dibujo fue uno de esos, aunque de alguna forma softwares como Corel Draw e Ilustrator suplieron a la hoja en blanco cuando tuve que aprobar los muchos semestres de Publicidad en la carrera y luego en algunos cuantos encargos laborales. Aunque dejé de hacerlo por el mero placer siempre quedaron algunas reminiscencias, como la locura desatada que me da el ver una caja de colores Prismacolor o un increíble paquete de hermosos plumones (¡y los fantásticos olores, por Dios!). 

No se nota mucho pero sostengo un diploma por participar en un concurso de dibujo.
Eran los ochentas y usaba un muy feo moño. 

El caso es que ahora que estoy en un bonito y divertido momento de pausa en mi vida, que me está permitiendo aprender mucho y redescubrir pasiones empolvadas, el gusanito del dibujo ha vuelto a mis manitas gracias a las redes sociales y a esta nueva manera de trabajar libre, fuera de una oficina o una institución específica. Hurgando durante horas en Instagram y Tumblr he encontrado verdaderas maravillas que me hacen levitar de felicidad, y ahora explicaré por qué:

Digamos que lo que siempre me gustó dibujar no eran precisamente trazos estilo Bob Ross con árboles, mares y parajes naturales; por el contrario, lo mío lo mío eran los muñequitos, los fondos coloreados con crayola, las estrellitas sonrientes, las nubecitas y solecitos con caritas felices... Diría mi novio, mis dibujos de niña de 4 años. Extenar este gusto me hace replantear la pregunta que Christine R. Yano intenta responder en su texto Pink globalization: Hello Kitty´s trek across the Pacific sobre el porqué una estética como la de esta gatita (si, es una niña-gatita, no se confundan) impactó tanto en lo que la autora denomina como la cultura del Cool Cute (en lo que se encierran además Rosita Fresita y los Precious Moments), figuras que son parte de la producción mundial de inocencia mercantilizada cuyo consumo ha tenido una relevancia mayor, como muchos otros objetos similares provenientes de imágenes "lindas", después del 11 de septiembre del 2001. Estos "objetos felices" forman parte de una onda que como parafrasea Yano, es de hecho una actitud adoptada por los individuos para expresar desafío a la autoridad, en un permanente estado de rebelión privada (2013, p. 27). Para que vean que estoy llevando esto a otros niveles de reflexión.

Aunque apenas voy en la introducción de este fantabuloso libro sobre una de las imágenes que adoro mucho muchísimo desde que soy pequeña (la Hello Kitty y en sí todo lo de Sanrio), estoy comenzando resaltar las cosas que más llaman mi atención como el hecho de que este dibujo, que consiste en trazos muy simples como dos óvalos verticales como ojos, uno horizontal como boca-nariz, orejitas, moño y bigotes nada más, corresponde a una estética que los japoneses denominan como mukokuseki, es decir, sin nacionalidad. O sea que alguien de India, de Brasil, de Estados Unidos, de Francia o de México puede (mejor dicho,  podemos) sentir un cierto tipo de identificación porque se trata de formas universales ordenadas de manera simple, por llamarlo de alguna manera. Entonces, regresando al tema, estoy comprendiendo por qué siempre me han hecho click ilustraciones como las de la marca Fulanitos, por ejemplo: imágenes cool cute con las cuáles me identifico por su ternura e inocencia.


Increíble decir cuántas playeras tuve de los Fulanitos como tú :)

Así, mi nuevo hobbie consiste en descubrir y seguir a personas que no tan sólo dibujan bajo este tipo de estética, sino que además están viviendo de ello. Mi niña interna arde en furia porque su sueño dorado pudo en algún momento ser lucrativo, pero me temo que estudié y crecí en la época equivocada para ello. Aún así celebro con locura que hoy en día puedo inspirarme desde mi hogar gracias al trabajo de muchas personas, mujeres sobre todo, que comparten su pasión desde muchas formas posibles, sin importar el idioma o desde qué punto geográfico lo hagan.

Entre los primeros que empecé a seguir fueron Pascal Campion, Rubyetc, Reno Carrillo y Caca de Oruga, estos dos últimos son mexicanos. Después encontré a Cat Plus y supe que no había en el mundo nada más lindo que sus dibujos, trazos tan sencillos y a la vez tan lindos que ilustran momentos, actitudes, sentimientos. Pero estaba en el error, porque entonces llegaron a mis ojos los trabajos de Sask y Kirakiradoodles y nada, créanmelo, NADA, ha vuelto a ser igual. Les juro que sigo a más pero estos que he nombrado son los más representativos para mí.

(Denle click a cada uno de los nombres para conocer su obra)

Sask explica cómo aprender a dibujar una rosa.
CatPlusMouse me tiene cautiva siguiendo el día a día de su embarazo.

A KiraKira también la pueden seguir en Youtube

Si van entrando a los sitios de cada uno de los nombrados, y con los ejemplos expuestos aquí irán entendiendo mi punto.

Sin embargo debo dar una mención especial a Charuca, una chica española que después de mucho trabajo ha logrado hacer de su pasión un estilo de vida que los demás podemos disfrutar. Ella tiene una tienda online donde los protagonistas son sus ilustraciones que decoran lo mismo almohadas, ropa de cama, libretas, organizadores, tazas y demás chucherías. Lo especial con ella, o quizá lo que me ha hecho esta conexión desde hace algunos meses que la encontré por Instagram, es que además de todo es una emprendedora que decidió vivir de lo que ama hacer en medio de un contexto económico, político y social complicado en el que España está saliendo a flote de una crisis como la que México conoce tan bien.

Instagram de Charuca.


¿Y por qué me hace click?
a) Porque la estética de sus dibujos corresponde a esta corriente en la que desde ya me incluyo, lo Cool Cute, que va desde el trazo hasta los colores.
b) Porque todo lo que hace lo comparte desde el amor, frecuencia en la que transito desde hace algunos años ya.
c) Porque yo también estoy aprendiéndole a esto del emprendurismo (no precisamente cobrando por mis dibujos), pero mis planes me están llevando a montar en poco tiempo mi tiendita online a la que le tengo una increíble e impresionante fe, como la que ella transmite.

Además de todo, Charuca comparte desde su blog y de manera generosa sus experiencias al respecto y muchos de sus tips para poder destacar en la inmensidad del cibermundo, el único gran escaparate en el que el comercio digital te permite transitar. Síganla, les juro que no se van a arrepentir.

Y entonces resulta que como mucho de lo que estoy haciendo en este aparente tiempo de mi niniedad (pareciera que ni estudio ni trabajo, sino todo lo contrario), el hecho de pasar horas y horas frente a mis dispositivos no puede entenderse como una pérdida de tiempo, al contrario, puedo decir que estoy llenándome de inspiración para mi vida futura pero sobre todo, recuperando una de mis más lejanas pasiones a la que, ñoñamente, estoy encontrándole un sentido y explicación racional. Entonces tomo mi lapicito y mi tablet, y con las grandiosas aplicaciones disponibles hoy en día le he dado permiso a mi imaginación amoldada a lo cool cute, para que vaya saliendo poco a poco del rincón al que fue confinada. Y aunque parezcan trazos de niña pequeña, me ilusiona en el alma volver a tener esta sensación de antaño, esa que da cuando terminas un dibujo que hiciste sin que nada más pasara por tu cabeza que no fueran los colores combinados o qué otros elementos pondrás.

Las rebeliones privadas no tienen por qué ser todas iguales: no todos tenemos la misma capacidad de indignación, de protesta o de enojo ante la realidad cotidiana. Algunos nos manifestamos de forma diferente, viendo telenovelas (y/o estudiándolas, como es mi caso) o haciendo dibujitos sin patria que logren la identificación de un gran colectivo. Y eso, entre muchas otras cosas, es lo que me está inspirando tremendamente para salir de esta sensación de desencanto en la que muchos de nosotros, particularmente los mexicanos, estamos enfrascados. Mi rebelión HelloKitty, mi rebelión de trazos y objetos felices. Esta soy yo.



viernes, 3 de julio de 2015

"Contaminado, creo que me voy a morir, ¡oh no!"

"Es que eso no se hace, yo ya lo sé, 
tú tiras la basura, ya me enteré, 
colilla de cigarro, lo averigüé, 
la lata de cerveza, ya me enteré, 
es que eso no se hace, yo ya lo sé..." 
Contaminado, Ritmo Peligroso (versión en vivo) 

Muchas cosas se han dicho hasta el momento sobre el tristemente famoso Reglamento de Tránsito del Estado de Veracruz, y en este portal podemos encontrar muchos y muy diversos puntos de vista al respecto. Sin embargo hay uno en particular que me gustaría rescatar, nomás porque estoy segura de que no todo en esta vida debe ser tan negativo como parece.

Para ilustrar mi punto comenzaré contando una anécdota que quizá para muchos resultará familiar: Cierto día, cuando mi hermana y yo éramos pequeñas, jugábamos graciosas y felices en la parte de atrás de nuestro carro familiar en uno de aquellos largos viajes, cuando de pronto mi hermana decidió que algo que sostenía en la mano tenía cara de basura y tuvo a bien arrojarlo por la ventana con el auto en movimiento. Mi papá, quién venía manejando y se percató de la acción, en ese instante (con toda precaución) frenó el carro, se echó de reversa, y muy una manera mucho más severa que amable le pidió a mi hermana que recogiera su basura y la guardara hasta que pudiera depositarla en un bote, porque la calle no es ningún basurero. Estas palabras bastaron para que todo mi sistema de valores comprendiera que esa fea acción no era positiva; en ese entonces fue nomás porque mi papá lo decía, aunque poco a poco mi entendimiento al respecto se fue ampliando cada vez más hasta dimensionar el porqué de la severidad de mi progenitor.

Tirar la basura en la calle, en el pasto, en la vía pública, no es un simple acto de pésima educación sino un egoísmo mal entendido. A la gente se le hace muy fácil decir “no tengo dónde depositar este papelito lleno de mocos, no pasa nada si lo tiro por ahí”; o “este chicle ya no tiene sabor, y como se pega en todas partes, prefiero que no ensucie mi carro”, o yo que sé, Me cuesta trabajo ponerme en la mente de quienes comenten semejantes atrocidades porque eso sí que es un punto débil para mí, y cada vez que como peatón o automovilista veo algo así se me saltan las venas del coraje y me dan ganas de gritar y vociferar como una loca. De hecho me acaba de suceder esta semana: un amabilísimo taxista tuvo a bien orillarse para que su pasajero pudiera suavemente depositar su basura en la acera y no en el asfalto. ¡No bueno, qué detallazo! Yo venía atrás y comencé a tocar el claxon, aunque por supuesto el respetable conductor no haya tenido ni la menor idea del porqué de mi rabieta interna.

Escudados en el “no pasa nada”, “si todos lo hacen, ¿por qué yo no?”, “prefiero que contamine otro lado que no sea mi casa/coche/espacio personal”, la gente no hace conciencia que esto que apartemente es un acto que trae consigo un beneficio personal (tener “limpio” su entorno), afecta en muchos otros niveles a los suyos, a los vecinos, y a todos en general. ¿Por qué? Por que el fantabuloso viaje que emprende un papelito tirado inocentemente y no cuenta con la suerte de que los elementos de Limpia Pública o alguna otra persona amable lo barra y arroje a donde pertenece, se vuelve una experiencia colectiva de muchos otros papelitos, bolsitas, botellas, chicles y muchos otros objetos tirados de la misma inocente manera, que comienza cuando una fuerte lluvia o un amenazante viento los hace volar y viajar hacia lugares insospechados, buscando siempre un puerto en donde parar. Y el puerto es en forma de alcantarillas casi siempre, en donde todos se amontonan tratando de sobrevivir a semejante movedera y así, juntos, juntos, y cada vez más juntos, salvan su vida… pero afectan la de los seres humanos, quienes cada vez más padecen de encharcamientos e inundaciones, eso sólo por mencionar algunos ejemplos citadinos, no hay que olvidar playas, bosques y otros lugares más. ¿Y acaso no es muy frustrante que eso suceda? ¿Acaso no son cada vez más las imágenes que vemos de autos que quedan en medio de calles inundadas, o casas a donde el agua llega a tapar hasta un metro de altura? Pero sigamos tirando basura, total, el espacio personal limpio es lo que cuenta.

Vuelvo al asunto del enemigo público número uno de Veracruz en estos días: el Reglamento de Tránsito. El artículo 150 dice así: “Se prohíbe a los conductores y pasajeros arrojar basura y objetos a la vía pública, desde cualquier vehículo estacionado o en movimiento. De igual forma a los peatones tirar basura en la vía pública, en lugares no autorizados para tal efecto”, y algunas cosas más. El siguiente dice: “Todos los vehículos deberán contar con un depósito para la basura, a fin que la misma sea arrojada a la vía pública por sus ocupantes, la basura deberá conservarse en el interior del vehículo hasta en tanto los ocupantes, propietarios o poseedores de la misma llegan a su destino y la depositan en el recipiente correspondiente” (pp. 68-69). Ante el alboroto que han causado las exorbitantes multas y algunos artículos bastante jalados de los pelos, este par de joyas particularmente me hicieron saltar de mi silla y aplaudir con emoción. No, no creo que sea la primera sanción que se pretende imponer al respecto, pero ahora que me he dado a la tarea de leer con un poco de mayor atención y conocer las leyes que nos rigen, celebro gustosa el saber que si una autoridad aplica de manera correcta este reglamento y que si cachan a todos esos amables taxistas o gente puerca que solo tira sin conciencia, el chistecito les puede salir cuando menos en 30 salarios mínimos, es decir, en 2,048 pesos. 

Por supuesto que aquí de entre todas las cosas cuestionables, está el hecho de saber si los encargados de aplicar este reglamento lo harán con un amplio criterio y de manera puntual. Me descorazona un poco imaginar que los agentes de tránsito serán insuficientes para multar a todos y cada uno de los individuos que impunemente tiran basura a la calle, y sobre todo que nada me asegura que estos agentes también lo hagan. Desearía que en el mundo existiera más gente que, como mi papá, regañe a sus hijos cuando tengan la osadía de arrojar porquerías desde sus autos, pero la triste realidad es que muchos de quienes hoy son padres fueron educados sin ese tipo de valores, situación que hace mucho más compleja la conciencia de sus actos y los que transmiten desde el ejemplo.

Esta preocupación, independientemente de las modas, es genuina. La más reciente encíclica del Papa Francisco I, titulada “Sobre el cuidado de la casa común” deja clarísima su postura e incluye la de otros líderes religiosos al respecto. Algo así como “Las actitudes que obstruyen los caminos de solución, aun entre los creyentes, van de la negación del problema a la indiferencia, la resignación cómoda o la confianza ciega en las soluciones técnicas. Necesitamos una solidaridad universal nueva” (p. 13). Ya aunque sea háganlo por el amor de Dios, si es que son creyentes.

Aunque hay mucho que criticar, yo celebro las posibles infracciones a toda la gente sin valores ni educación al respecto que anda suelta en nuestras calles. Y si no queremos pagar, entonces busquemos opciones para tirar nuestros desechos en donde se debe, aunque cueste un poco de trabajito. ¿Es tan difícil?

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Publicado en: xalapo.com

lunes, 4 de mayo de 2015

La pelea del siglo: Healthy vs. Curvy

A alguien se le ocurrió decir que "La pelea del siglo" fue esa que anunciaron con tanta pompa y circunstancia para el pasado sábado, y que, a decir de los que saben y ven mucho bax (malditas modas lingüísticas tan pegajosas), fue una verdadera cochinada. Yo no veo ni sigo ese deporte, pero sí les puedo decir algo desde el amplio conocimiento que tengo del tema: la pelea del siglo  nunca, nunca se lleva a cabo arriba de un ring, se libra todos los días, cara a cara, sujeto versus el espejo. Y cuando por sujeto entendemos "persona del sexo femenino" la contienda se puede tornar más feroz, más voraz, más despiadada.

Tristemente o no, para muchas mujeres particularmente el mirarse al espejo es una especie de tortura moderna, cuya única juez es, vaya ironía, la misma víctima. Contemplarse en el espejo podría ser la experiencia más fascinante de todas (y no dudo que lo sea para muchas y muchos) si no estuviéramos llenas de expectativas, de convenciones sociales, de juicios acerca de lo que ese espejito debe reflejar, sin considerar lo que realmente uno debe saber ver. Es decir, una ve kilos, grasa, desperfectos, cachetes, lonjas, pelos, y todas esas cosas tan divertidas que el factor externo sumado a una autoestima fluctuante nos arrojan de primer, único y válido vistazo. Nada más allá.

Yo solía ser una niña delgada y enclenque que comía muy pero muy mal hasta que de pronto crecí, me empecé a llenar, luego me empecé a llenar más, y luego ya no supe qué hacer con eso. Hace muchos años estuve en un plan alimenticio que me ayudó muchísimo a aprender a comer verduras y frutas, y aunque desde entonces trato de incluirlas diariamente en mi alimentación, hay otras cosas que seguramente como y que seguramente me impiden eliminar aquello que según el espejo me sobra. Pero como también soy altamente odiosa para eso de las medicinas y las vitaminas, desde que empecé a vivir sola aprendí que puedo prevenirme muchos achaques con una mejor alimentación, así que desde entonces y haciendo uso de la tecnología, he conocido gente a la que sigo que habla de jugos, verduras, detox, vegeterianismo, veganismo, crudiveganismo: la tendencia #Healthy. Aunque tengo mis reservas sobre este tipo de prácticas, no voy a negar que me encanta la idea de que eso que ni con los ojos tuertos comería, como por ejemplo los plátanos manchados y dulces (aaaaawwwwgggggg, ¡la cosa más fea del mundo!), puedan ser el complemento de un licuado delicioso si los metemos al refri un rato y los combinamos con apio, canela y vainilla. "Si no te lo puedes comer, tómatelo", dice una de las tantas gurús sobre tema en sus redes sociales.


El asunto con esto es que seguramente mi falta de constancia, mis arranques de pan y galletas, o alguna fuerza poderosa de la naturaleza, me impiden observar el resultado deseado (con todo y que me animo viendo Kilo a kilo y The biggest loser en el Discovery Home and Health), y mis miradas diarias al espejo son una cosa muy pero muy espantosa y traumática. A eso le sumaré que por primera vez en mucho tiempo, en toda mi vida quizá, llevo un ritmo de hacer ejercicio que va en promedio de dos a tres veces por semana desde octubre. Harto cardio, harto kilómetro caminado, y nada, la lonja nomás no desinfla. Y sí, me entra un sentimiento de frustración muy gacho, aunque en realidad sí se que dentro de todo llevo un estilo de vida sano y que mi cuerpo seguramente agradece los jugos, las verduras y el ejercicio... pero estéticamente es otra cosa.

Así que en uno de esos días que hacer, andando entre polvo nomás, mirando las fotos de todas aquellas quienes promueven este estilo de vida y que en sus imágenes lucen delgadas, marcadas, felices y radiantes, me di cuenta que no podía seguir aspirando a eso ni aunque ponga fotos de puerquitos en el refri. No puedo luchar todos los días por ser algo que no soy, que fui, que puedo ser con constancia, pero que hoy no soy. Así pensé que sería bueno cambiar la visión: si soy la gorda entre las flacas, ¿por qué no ser la flaca entre las gordas? Y así me puse a googlear y a investigar más sobre el movimiento #Curvy, es decir, de las blogueras (principalmente españolas las de habla hispana) que a partir de su sitio y sus redes sociales, fomentan el orgullo de portar lonjitas, de ser curvilíneas y de que estar gorda no significa forzosamente que se esté enferma o poco sana. Son chicas que relatan su tortura con una y otra y otra dieta, que también salen a correr, que también comen verduras y jugos, pero su figura sigue envuelta en curvas. Me gustó el concepto, a pesar de leer muchos comentarios negativos al respecto. Yo también comparto algunos, no crean que no. Tampoco creo que sea políticamente incorrecto hablar de los gordos (a tanto llegó el asunto que eliminaron el "me siento gordo" del Facebook, o promovieron el #ImNoAngel), y sinceramente me dio sentimientos encontrados ver las fotos de estas chicas, que principalmente hablan de moda para tallas grandes pero terminan hablando sobre ellas mismas y su día a día, tan llenitas y tan seguras de sí mismas, tanto como lo veo en las delgadas (también tengo mis reservas contra la extrema delgadez).

A mi me quedan claras algunas cosas: no puedes forzarte a ser lo que no eres, pero sí creo que la gordura esconde sentimientos que no has sanado, que mucho es un asunto emocional, y esa es la parte de las dietas y regímenes que nadie te dice. Pero también creo que influyen muchas otras cosas para estar en un determinado peso, independientemente de tu alimentación. Entonces leer y ver a estas chicas hablando incluso de lo que opinan sobre las ineficientes medidas del Estado contra la obesidad o de lo que creen como un plan muy bien armado para fomentar gordos y venderles dietas, aparatos de ejercicio y cosas así (industrias altamente lucrativas, dicen), me parece muy impactante. No se trata de ser modelos, se trata de poder expresarse sobre lo que son por ellas, no por su peso.

Y al final de cuentas, mientras veo en mi Instagram una publicación de Rawvana seguida por una de Misscurvystyle me siento como en medio de un limbo en el que las ideas sobre la salud, la autoaceptación y el no permitir que un número me defina me dejan así como en la pendeja, sin embargo lo que sí agradezco es poder existir en un momento social, cultural y tecnológico que me permita tener acceso a estas visiones particulares del mundo; al final de cuentas tanto las #Healthy como las #Curvy promueven valores positivos que son con los que día a día me quedo: querer a tu cuerpo, alimentarlo sanamente, pero sin privarte ni tener complejos por los muslos grandes (fue tan gratificante leer a todas ellas que usan shorts y se les trepan por el gordito del muslo, ¡y no se los dejan de poner por eso!), y que puedes tener amigos, vestir a la moda e incluso convertirte en líder de opinión sin importar cómo luce la ropa en tu cuerpo.


Y mientras yo, al igual que muchas mujeres sigo luchando contra el espejo, con más ferocidad y astucia que cualquiera de esos sudorosos, feos y millonarios boxeadores, también seguiré leyendo y explorando lo mejor de ambos mundos, esperando al menos que pueda quedarme y aprender lo que mejor me haga sentir, sin enjuiciarme, ni compararme, ni recordarme en aquellos días donde solía ser delgada. ¡Ya no más!

martes, 3 de marzo de 2015

Calladita me veo más bonita (o la cercanía del Día Internacional de la Mujer)

Hasta que terminé de redactar el título de este post caí a la cuenta que sonó igual de largo y pretencioso que el subnombre de la tan cacareada película Birdman, del tan cacareado Alejandro G. Iñárritu (todos caemos en la tentación del nombre artístico, y lo curioso es que en estos dos ejemplos, el de "el Negro" o el de Luis G. Basurto, se trata de reducir a una letra el apellido con G... Yo por eso me auto nombro Raquel G. Viguri, por aquello de que algún día tenga mis momentos de gloria y necesite remarcar cierta originalidad en mí). Bueno, pero mi punto no era hablar de lo práctico que resulta o no ir con un alias por la vida, aunque de alguna forma hablar del tan cacareado personaje me es de utilidad para explicar mi punto.

Desde hace 10 años he sido testigo, como muchos, del surgimiento y auge de las redes sociales en Internet. Yo misma comencé con este espacio policrómico y con mi página-blog de Ratona de tv en el año 2005 y en aquel entonces como ahora, al enfrentarme a la página en blanco me asaltan las dudas acerca de cómo emplear de manera correcta el espacio (ciberespacio), ese cachito de Red que siento como mío y que seguramente llegará a dos o tres personas, o a más, uno nunca sabe. Me pregunté y me pregunto muchas veces si lo que tengo que decir es importante para quien por azares de la casualidad llega a estos sitios, y me preocupa que el tiempo invertido en ellos no lo consideren un desperdicio al final del cursor. Por eso de pronto decido no ponerle mucha seriedad a las cosas que digo, o bien, si es necesario, pretendo hablar de cosas serias pero envueltas moñitos y papeles de Hello Kitty, nomás porque a veces crear polémicas me produce una infinita pereza. El asunto es que, desde hace 10 años, he intentado (no siempre con éxito) ser hasta cierto punto responsable de las interesantísimas reflexiones que hago tanto en el blog como en Facebook o Tuiter (y por eso cada vez lo hago menos). Me veo en el espejo de todas las cientos y miles de opiniones que día a día se vierten en los ciberespacios particulares de los demás, y pues como que siento que una más está de sobra, o de hueva, o simplemente creo que como muchas veces no comulgo con la mayoría del pensamiento colectivo pues prefiero guardarla en mi bolsita imaginaria de "cosas que sólo comparto con la gente a la que más confianza le tenga". Pero como podemos ver hoy no es el caso, o mejor dicho, creo que la bolsita se llenó y hay que vaciarla a como dé lugar. 

miércoles, 18 de febrero de 2015

"Nunca sabes lo que tienes... hasta que te toca hacer mudanza"

Encontré esta singular frase mientras buscaba tutoriales para mudanzas, puesto que en estos días hay instrucciones y consejos para prácticamente todo lo que a uno se le ocurra, y en los días siguientes esas palabritas no dejaron de resonar en mi cabeza, entre mi hartazgo por llenar cajas interminables, el polvo, la implacable humedad y las miles de bolsas de basura que mágicamente se reproducían como Gremnlins bajo el agua (como bien me lo advirtió mi amiga Sailorita).

Una mudanza suele ser, sin lugar a dudas, todo un acontecimiento. Para algunas personas que tienen espíritu nómada se convierte en parte de su vida, en una oportunidad para aprender a viajar ligero de bienes materiales y ligero de apegos emocionales. Cuánta envidia. Sin embargo para otro grupo de personas más bien sedentarias y que se acercan peligrosa y silenciosamente a la categoría de acumulador compulsivo, una mudanza resulta un reto de épicas proporciones. Lo cierto es que en cualquiera de los casos viene acompañada de un movimiento de energías que repercute, créanlo o no, hasta en un cambio de ánimo. 

miércoles, 14 de enero de 2015

El agua caliente es para niñitas, segunda parte

Algunas cosas en definitiva no le gustan al Universo. Últimamente pasan tantas acontecimientos en el mundo, tantas atrocidades, injusticias, atentados contra la seguridad, la libertad y la paz de la humanidad, que, supone uno ingenuamente, éste no se da el tiempo suficiente para atender asuntos muy domésticos y menores. Pero no, me he equivocado en mi apreciación. 

Hace algunas pocas semanas compartí con el respetable lector mi saludable hábito de bañarme con agua fría, alegando entre otras razones, que "el agua caliente es para niñitas". Lo que escribí fue para dejar constancia del increíblemente irónico momento en el que deseé ser una niñita y meterme a la regadera con el agua "para pelar pollos" de tan caliente, sólo para descubrir que el gas se había terminado y pues ni modo, para no afectar mi salud tuve que correr a bañarme a la casa paterna. Pues la mala suerte me persigue, queridos amigos. 

Esta semana decidí prender el calentador por dos razones importantes: para que mis piecitos, que tienen unas cuantas dolencias, se relajaran, y por darme un mero gusto de inicio de año. Puedo parecer una persona muy mimada con lo que diré a continuación, pero es cierto: prender el calentador es algo que odio, ODIO, hacer. Aparte de que la maniobra se torna difícil por el lugar en el que está colocado, de pronto me invade un miedo a que una chispa me vaya a brincar y termine con la cara del Coyote cada vez que el Correcaminos hace explotar, sin querer, algún dispositivo marca ACME. Digámoslo así, soy una persona poco hábil para realizar tal menester. Sin embargo cuando la ocasión lo amerita, me armo de valor y me enfrento al terrible demonio moderno del fuego. 

Todo estuvo bien el primer día. Me dije para mis adentros: "quizá mañana también me bañe con el agua a esta temperatura, así que no voy a apagar el calentador porque si no va a ser un relajo mañana prenderlo de nuevo y esperar a que atraviese la Muralla China entera para calentar el agua". Así que muy segura y confiada al día siguiente me despojé de mis calientitas prendas, abrí la llave y esperé sentada y paciente cual Penélope (sin el bolso de piel marrón y los zapatitos de tacón) a que el vapor inundara el cuarto. Pero esperé y esperé. Y seguí esperando hasta que la desesperación me hizo su presa y me metí así como estaba, fría como el viento y peligrosa como el mar. Al día siguiente decidí asomarme al calentador para saber qué había pasado y descubrí, extrañamente, la puertita del piloto abierta de par en par. Entonces me dije para mis adentros: "quizá fue el aire, con eso de los frentes fríos el chiflón corre que da gusto". Después incluso pensé que era la obra maligna de algún gato sin oficio ni beneficio que merodea por mi casa de Pitufo. Pero no pasó a más. 

Antier ocurrió la misma situación: prendí temprano el calentador, me fui a hacer mis diligencias vespertinas, regresé y el baño caliente estaba ahí, aguardando para envolverme con su onda vaporosa. Me hice la misma reflexión para mis adentros y ayer, que de nuevo me estorbó la ropa y dejé que las prendas se cayeran, me metí a la regadera sólo para descubrir que de nueva cuenta no había agua caliente. "Esto se torna sospechoso", me dije. Hoy en la mañana salí a revisar y, otra vez, la puertita del piloto estaba abierta de par en par. A menos de que yo sea sonámbula, loca o zombie, no existe prueba alguna de que yo haya hecho eso. Y mucho menos el aire, porque ayer no hubo. ¿Entonces? Los gatos tampoco son tan hábiles como para accesar así de eficientemente al artefacto, y por lo menos esta mañana ya levanté mi denuncia con el casero, a ver si sabe o hace algo al respecto. Yo tengo varias hipótesis:

a) Esto lo hizo alguien que tiene consideración por mi situación económica y me ahorra el trabajo de apagarlo por mí misma. 
b) Esto es obra de algún ecologista extremo que no quiere que mi acto contamine al medio ambiente. 
c) Esto es obra de algún culerohijodeputadesgraciado que no tiene mejores cosas que hacer que ir de casa en casa apagando los calentadores ajenos. 
d) Esto es cosa de Satán. 
e) Al Universo no le gusta que me bañe con agua fría. 
f) Todas las anteriores. 

Espero que ya se levanten las averiguaciones y este caso se resuelva con prontitud y legalidad. Yo sé que el Universo y la Humanidad están ocupados con problemas más importantes y de índole muchísimo mayor que esta, pero considero que tales fechorías no deberían quedar impunes ni pasar desapercibidas. Ahora resulta que cuando quiero ser una niñita nomás no me dejan... ¡¿Pos así cómo?! Seguiré reportando. 

lunes, 5 de enero de 2015

El día de la magia

Ese horrible mal que aqueja a la gran mayoría de nosotros, llamado "adultez", es como una de las 7 plagas bíblicas que azotan a cada segundo los corazones de la humanidad. Es un padecimiento que, de manera incomprensible, enceguece el alma y tiene la infame capacidad de ir arrasando con las creencias, sueños y pasiones que alimentan los primeros años de vida. Es tal el daño que provoca, que calla toda voz interna, elimina toda capacidad de ver lo intangible, suprime toda risa franca y lo mide todo con la vara de la racionalidad mal entendida. Pero su mayor afectación, sin lugar a dudas, es de índole criminal: la adultez asesina a todo niño interior que encuentre a su paso. Ningún mal que en 2015 años haya aquejado a la humanidad es tan silencioso, tan destructivo como este.

Escribo esto porque hoy, 5 de enero, estamos en la víspera de la noche más mágica de todas: aquella en la que llegan los Reyes Magos. Y ustedes disculparán, pero para mí sigue siendo un evento importante. Muchos afectados por el terrible mal dirán que es una fecha impuesta por la religión católica; muchos otros dirán que es un día comercial, que los bolsillos están desgastados por la Navidad y que bolear el zapatito que queda debajo del árbol es un asunto únicamente para niños. Por mi que digan misa... yo espero este día con una ilusión que año con año se torna diferente, a veces se intensifica, a veces se contagia y disminuye, pero mi niña interna hace su mejor esfuerzo para hacer su cartita y lanzarla en un globo imaginario al universo, esperando ansiosa que los Reyes recompensen su buen comportamiento con alegrías y bendiciones todo el año.

En mi familia incluso privilegiamos esta fecha por encima de la Navidad. Los regalos, en vez de intercambiarlos en la cena del 24, los reservamos para dejarlos debajo de los arbolitos de cada casa. En casa de mis papás es casi obligatorio dejar zapatito, porque entonces pues cómo le hacen los Reyes para saber a quién le dejan cada cosa. Mis sobrinas la gozan pero creo que nosotros, "los grandes", lo hacemos a la par, quizá con una ilusión diferente pero no por eso menor. No importa recibir un chocolate, una caja pequeña o simplemente una amorosa cartita, todo es, a final de cuentas, un alimento para el alma cuando es entregado con una gran intención.

Este año he pedido muchas, muchísimas cosas, algunas materiales y las más son asuntos que tanto a mi niña interna como a mi nos preocupan; pero especialmente, este año hemos pedido de todas las maneras posibles, que aquellos pobres seres humanos aquejados por el mal de la adultez sean librados de el, que este año sean capaces de ver, escuchar y sentir más allá de lo que la razón les dicte, que se permitan soñar, imaginar y creer para entonces poder crear mundos nuevos, realidades mejores, personas mejores. Porque personas mejores hacen realidades mejores. Porque personas mejores, ajenas al mal de la adultez, son capaces de dialogar para evitar las guerras, son capaces de librar la tentación de la ambición, del poder, del egoísmo. Porque personas mejores tratan mejor a sus semejantes, sin importar si son de su misma especie. Porque personas mejores son las que creen en la magia, en el poder de la intención, en que lo imposible puede prescindir de sus dos primeras letras. Porque personas mejores, simple y sencillamente, valen más la pena en este mundo.

Mi pequeña Raquel y yo lanzamos al universo nuestra carta en un globo imaginario que, esperamos, toque los corazones de los Reyes, y éstos a su vez conviertan nuestros deseos en luz y amor. Y si nos traen alguna que otra chacharita material, también nos harían altamente felices, jejeje.

¿Ustedes ya hicieron la suya? ¡No olviden dejar sus zapatos limpios y con un poco de talco, no los vayan a marear!

sábado, 6 de diciembre de 2014

"El agua caliente es para niñitas"

Esta es la sentencia con la que justifico uno de los hábitos que con los años he ido adoptando: bañarme diario con agua fría. Esta idea la adopté después de una aleccionadora plática en la cuál aprendí que los rusos, en plenos fríos de invierno, se bañan a estas bajas temperaturas y su salud no se afecta. Tras escucharlo me dije a mi misma: "¡y tú que chillas por darte tu regaderazo después del baño!". Así pues, desde hace un par de años tengo este polémico hábito que sucita la sorpresa de algunos, el horror de unos más, y la angustia de otros (como mi madre).

Como me decidí un mes de agosto, el cambio no fue tan radical. Fue haciéndolo poco a poco hasta que ya para ese diciembre mi cuerpo estaba bien adaptado ya. La cosa es simple: conozco bien a mi mente y, aunque muchas, muchísimas veces ella trata de imponerse, en ocasiones juego a que la domino y logro hipnotizarla recitando varias veces una oración. Así pues, en el momento en el que abro la llave del agua inicio mi ritual al más puro estilo de Karl Malone antes de encestar, y recito una y otra vez en voz baja: "está rica, está rica, está rica". ¿Resultado? Entro y me doy un delicioso y veloz baño. 


Y es que lo mejor del asunto viene después. Una vez que se cierra la llave, en automático, mi cuerpo entra en calor y fácilmente logra adaptarse a las extremas temperaturas en las que vivo (mi casa de gatos y Pitufos se ubica en un epicentro de humedad y en pocos lados pega el sol). Por supuesto que eso no impide que a veces sí me vuelva una niñita y tome laaaargos baños de agua caliente, pero eso sucede en contadas ocasiones y sólo en lugares en donde no me da remordimiento alguno abrir la llave del calortz.

Por supuesto los beneficios son muchos: mi piel se ve firme y sana (¡nada de chichis caídas!) y por supuesto y como buena Tauro que soy, la mayor felicidad está en mi cartera, puesto que gracias al aparato posicionador del calor que se ubica a millones de kilómetros lejos de mi baño, tenía que pagar por un cilindro de gas al mes, ¡y eso que ni cocino! 

Bueno pero todo esto viene al caso por una jocosa y doméstica razón: llevo una semana con una harto bonita infección en la garganta, y desafortunadamente para mi, después de un bañito con agua fría la cosa se me complicó aún más. Fue cuando me dije a mi misma: "es momento de ser una niñita", y con más riesgos que Indiana Jones en expedición me aventuré a salir de la casa a encender el calentador. Dejé pasar el tiempo necesario para que el agua caliente llegara a su destino (por lo menos media hora, les digo que aquello son los extremos de la Muralla China), y cuál no sería mi terrible sorpresa cuando quiero abrir la llave y oh, oh, no salió ni una miserable gotita. Nada. Cero. 

El diagnóstico del plomero fueron los empaques pegados. A duras penas sé lo que eso significa. ¿Cuánto tiempo lleva asi? Nadie lo sabe. Creo que la última vez que se abrió fue en octubre. Así que como el gentil trabajador tiene la agenda ocupada y puede revisar el desperfecto hasta el domingo, mis jugos de tres días y yo tuvimos que tocar las puertas de casa de mis papás para bañarme. Fui a su casa para ser una niñita. Demonios azules. 

Y pues nada, sólo quise escribir sobre esto porque no he tenido muchas más graciosas aventuras, y porque ya tenía muy desactualizada mi famosa saga de jocosos inconvenientes domésticos. 

Es cuanto. 

lunes, 10 de noviembre de 2014

Algunos hashtags no van conmigo

Cuando escribía mis Policromías, columna que aparecía semanalmente en un diario local, encontré en estos textos el lugar más seguro para externar mi poca o nula comprensión sobre los acontecimientos que en esos momentos fueron ocurriendo. Preguntaba al universo e intentaba reflexionar sobre ciertos temas que, muy a mi modo, dejaban al descubierto mis inquietudes y quizá también, el tipo de opinión que me formo al respecto, sin aportarle nada a nadie mas que mi propio punto de vista.

Al concluir mi etapa columnas semanales, las nacientes redes sociales del momento (mi blog y luego el Facebook), fueron ese bonito espacio donde podía lo mismo contar alegres historias de mi vida personal como, de nueva cuenta, mis angustias como ciudadana, como parte de una sociedad que cambia y se transforma y que uno luego no entiende para dónde va. Pero de pronto dejé de hacerlo por cuestiones de tiempo o inspiración, o quizá porque, como diría Milan Kundera, mi vida estaba en otra parte: en la maestría y en un receso emocional bastante catastrófico poco digno de documentar.

Pero como en todo tuve que adaptarme a las nuevas propuestas tecnológicas y en ese trayecto reduje mis pensamientos a 140 caracteres. Twitter me pareció un lugar mucho más amable para decir cualquier clase de idiotez con la sensación de que quien me leyó me leyó, y que no quedaría tan fácilmente a la vista aquello comentado. La fecha de caducidad de un tuit es mucho más efímera que el post de un blog o un comentario de Facebook, así que si nadie le da FAV o RT, el tuit puede pasar sin pena ni gloria. Y es que, en el trayecto, también aprendí a dimensionar lo que significa externar mis opiniones ante un grupo de seguidores que no siempre están de acuerdo con lo que dices. Y aprendí que estas mismas redes sociales han propiciado cierto nivel de intolerancia, y que la gente (alguna) se toma demasiado enserio lo que se dice y se publica. Y aprendí también que reducir tus pensamientos o reflexiones a 140 caracteres puede generar todo menos reflexión; por el contrario, si quien te lee se clava en un comentario al que le falta contexto y no está de acuerdo contigo entonces sí se friega la cosa: bullying cibernético ipso facto. Con todo ese bagaje he preferido entonces quedarme calladita y compartir lo que pienso y siento en estos temas únicamente con la gente de mi confianza, con quienes sé que inclusive no piensan como yo (bendito Dios), pero que respetan lo que digo sin que eso derive en una apasionada tercera guerra mundial.

Así las cosas hoy sólo quiero decir lo que pienso y siento y deseo hacerlo por este medio por varias razones, que van desde la nostalgia hasta la prevención. Me molestan mucho las polémicas y si siguen leyendo comprenderán que lo que menos quiero es generar eso precisamente. Todo es una mera cuestión de desahogo desde el más profundo de los respetos hacia toda la gente que no piensa como yo y que externa sus pensamientos desde otras vías. 

viernes, 19 de septiembre de 2014

Confesión de amor

Adoro a Catalina Creel. Lo siento, pero no puedo callarlo. Cuna de Lobos ha sido la telenovela que más he visto en toda mi vida, desde su primera transmisión (oculta detrás de un sillón amarillo logré ver el final a mis escasos 8 años, y no pude dormir del espanto), hasta las diferentes versiones editadas que ha comercializado Televisa en VHS, DVD y sus repeticiones en el canal Tlnovelas. La primera investigación seria que pretendí hacer en mi vida (una tesis de licenciatura truncada) giraba en torno a la maldad de la señora Creel y su herencia sangrienta en las villanas posteriores a ella. Según versaba mi hipótesis, la vida AC (Antes de Catalina) en los melodramas era para mujeres cuyas truculencias se manifestaban haciéndole la vida de cuadritos a las protagonistas, queriéndole quitar al galán con sus sexosas artimañas o bien, espantándole las moscas a los hijos que por supuesto, ante los ojos de sus castrantes madres, no merecían a ninguna muchachita ingenua y pobre. O eran esposas terribles que sólo querían el dinero de los maridos. O yo que sé. Pero, según mis elucubraciones, esas cosas de matar a diestra y siniestra eran asuntos de hombres, tal y como lo demostró prodigiosamente don Ernesto Alonso en El Maleficio. Ellos, incluso, podían llegar a ser el mismísimo Satán. Entonces llegó mi Caty (perdonen ustedes la confianza pero tantos años de convivir con ella me dan ciertos privilegios) y las villanas femeninas no volvieron a ser igual. Después de ella estuvieron Dulcina Linares (Rosa Salvaje), María Paula (Lazos de amor), Soraya (María la del Barrio, hoy la reina de los Memes), e incluso hasta mi adorada Evangelina Vizcaíno (Cadenas de amargura), que de pronto y de diversas maneras provocaban muertes, asesinatos terribles, lo que era inversamente proporcional a sus respectivos desenlaces. 

Para Álvaro Cueva:
"Cuna de lobos es una de las telenovelas más exitosas e importantes de todos los tiempos. Un melodrama seriado que marcó época. Un fenómeno social sin precedentes. Un producto que cambió la manera de hacer, ver y entender las telenovelas". (2006)

Si, otro ente enloquecido de amor por esta historia. Pero independientemente de su pasión, Cueva logró hacer algo más allá que una definición: en el aniversario número 20 de esta producción, conjuntó en su entonces revista "Álvaro Cueva Presenta" las más diversas opiniones sobre Cuna de lobos: desde sus protagonistas, desde la historia de sus creadores, desde los asistentes de producción y gerencia, desde la música, la moda ochentera, los clubs de fans en internet hasta el perfil psiquiátrico de Catalina Creel. Si nos ponemos sangrones podría decir que le faltó un sociólogo que opinara sobre el fenómeno del que habla en la cita, pero eso es cosa de académicos elevados.

En todos los textos que he podido leer con la opinión de Cueva al respecto, no deja de mencionar que su éxito se debió a la combinación de muchos factores, desde lo macro económico (la crisis que se vivía en el país) que afectó en la economía particular de Televisa (que dejó de importar series gringas y comenzó a vivir de su propia industria melodramática, razón por la cuál en ese entonces hubo tal variedad de temáticas y subgéneros); desde el entramado multidisciplinario de talentos de teatro, cine y televisión (Carlos Olmos era escritor de teatro, Carlos Téllez director de teatro, Diana Bracho y Gonzalo Vega habían hecho más cine en ese entonces), hasta la impecable, majestuosa e inolvidable interpretación de María Rubio, la mujer del parche. Sin embargo hay dos asuntos que vale la pena mencionar aquí: 1) la telenovela fue escrita en un tono fársico; y 2) la telenovela se transmitió en 1987, dos años después del sismo.

Sí, no es casual que escriba esto un día antes del 19 de septiembre que, aunque lejano, sigue moviendo las fibras de miles de personas en este país. O tal vez sea casual el hecho de que los directivos del canal hayan programado la repetición de la telenovela justo en estas fechas. Yo que sé. El caso es que coincidió y aquí estoy yo en plena reflexión filosófica acerca del tema. El caso es que dos años después del temblor del 85 la gente en general seguía con una sensación real de descontento, de decepción, de incredulidad hacia las autoridades que ante la desgracia actuaron no tarde, lo que le sigue. La rechifla que se llevó Miguel de la Madrid en la inauguración del Mundial del 86 fue uno de esos tantos testimonios. El caso es que el país no estaba para comedias y risas fáciles. No. Se necesitaba una válvula de escape y Carlos Olmos encontró en la farsa el género idóneo para tales fines.

Este señor puso (y expuso) los distintos tipos de maternidad: la mujer buena a la que le arrancan al hijo, la mujer que no puede tenerlos pero los desea, la mujer que no tuvo hijos pero funge como madrina, la mujer que ama demasiado a su único hijo y desea protegerlo de todo y todos. Y todo esto en el marco de una familia que parecía feliz y exitosa. Y todo esto en un giro dramático en el cuál, como explica María Rubio en una entrevista, los roles se invirtieron completamente:
"Catalina era un macho, mentalmente era un hombre. Podía tener cuerpo de mujer y funciones de mujer y ser madre y todo, pero yo sí pienso que poseía mecanismos mentales masculinos. (...) Gonzalo Vega tenía el comportamiento que en una telenovela digamos 'normal', tenía la dama joven, y yo me comportaba como hacía el villano hombre en una telenovela convencional. Olmos cambió los resortes psicológicos de todos los personajes" (2006, pp. 41-42).

El panorama de la maternidad tal como lo he expuesto amerita un planteamiento dramático, trágico, lacrimógeno. Pero entonces la más fuerte de todas estas madres, el "macho" disfrazado con parche y chongos y ropa combinada, justificó sus fechorías en nombre del amor a su hijo y entonces mató a diestra y siniestra, con venenos, con abrecartas, con fuego, con pistolas con silenciador, con spray americano para combatir maleantes, con podadoras eléctricas que caían en una alberca. Mi hermana mayor, que apenas está degustando las agridulces mieles de mi amada Caty, imagina que en la actualidad esta mujer no podría llevar tal vida licenciosa ante la tecnología, las redes sociales y los recursos policiales modernos; según mi hermana "Catalina Creel desafiaría al mismísimo CSI". Tiene toda la razón. Ese (quiero creer) es uno de los motivos por los cuáles una adaptación a este clásico resultaría infame: reduciría tan supremo personaje a una caricatura vil.

Y aquí es donde la farsa como género tiene importancia. Aristófanes, un hombrecito ateniense del que aparentemente poco se sabe en cuanto a su biografía, dejó su huella en las diversas obras escritas para el teatro griego, que se distinguían por su sentido del humor un tanto, digamos, distinto. En un ejercicio de transportar los elementos de su tipo de comedia a las expresiones actuales, Pedro L. Cano asegura que "lo que los guionistas y dramaturgos actuales le deben a Aristófanes es el modelo ancestral de la ridiculización de cualquier intriga o situación social, con nombres y apellidos" (1999, p. 65). Entonces, ¿qué mejor forma de pitorrearse de las autoridades que encabezaban las instituciones destinadas a repartir justicia? ¿qué otra manera había de canalizar ese resentimiento por aquellos que debieron haber hecho algo y que siempre, voluntaria o involuntariamente, llegaban tarde?

Si Catalina Creel logró cometer 8 asesinatos, provocar tantas intrigas, hacer y deshacer sin que la policía lograra atraparla (al final ella misma se da muerte, acto al que la policía, como siempre, llegó tarde) era porque de manera metafórica los actos terribles, las injusticias, la corrupción también andaban sueltos por las calles en aquella década ochentera y parecía que nadie podía hacer nada. Ella logró esquivar a la autoridad en persecuciones de carro, en aviones, con pelucas rubias y lentes oscuros. ¿Cómo no reírse de eso? ¿Cómo no comprender el absurdo de nuestra propia realidad en aquellas acciones?

Han pasado casi 30 años de este melodrama que ante nuestros ojos (y los de las nuevas generaciones) resulta acartonado,con una escenografía incomprensible, sin celulares ni pruebas dactilares, donde la más alta tecnología eran los disquetes de 5 y un cuarto, donde la fertilización in vitro no era una opción tan conocida. Y sin embargo algo nos engancha de nuevo, y sin embargo algo nos hace vibrar ante los poéticos diálogos de Catalina Creel (en el capítulo de hoy le dice a Bertha, su secretaria que acaba de conocer sus terribles secretos: "eres tan simple que no puedes comprender el odio, eres tan simple que todo lo explicas con la locura"), y también nos hace sentir la más absoluta flojera cada vez que Leonora Navarro chilla y sufre por el hijo que "los lobos" le arrebataron. ¿Es que acaso nuestro momento social es tan distinto de aquel de 1987? ¿Es que acaso ya estamos hartos de ser la dama joven que sufre y queremos tomar la justicia por nuestra propia mano, todo en aras de defender a nuestras familias e hijos de la indiferencia gubernamental?

Después de compartir por chat los pormenores del capítulo de hoy con mi hermana, después de recordar mi fallida tesis de la que aún conservo los archivos en mi computadora, después de todo este tratado barato que acabo de escribir, recuerdo por qué amo las telenovelas y por qué no cambiaría por nada mi objeto de estudio. Y pensar que todo empezó a una edad en la que no entendía absolutamente nada, cuando, escondida en un sillón amarillo, veía los melodramas que mis padres me prohibían estrictamente mirar...

(Conoce más de mi oscura pasión en este podcast)

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Cano, P. (1999). De Aristóteles a Woody Allen. Poética y retórica para cine y televisión. Gedisa, Barcelona, España. 
Cueva, A. (2006). Revista Álvaro Cueva presenta. Número 2.