martes, 26 de enero de 2010

... gracias Sabines


Me doy cuenta de que me faltas...


Me doy cuenta de que me faltas
y de que te busco entre las gentes, en el ruido,
pero todo es inútil.
Cuando me quedo solo
me quedo más solo
solo por todas partes y por ti y por mí.
No hago sino esperar.
Esperar todo el día hasta que no llegas.
Hasta que me duermo
y no estás y no has llegado
y me quedo dormido
y terriblemente cansado
preguntando.
Amor, todos los días.
Aquí a mi lado, junto a mí, haces falta.
Puedes empezar a leer esto
y cuando llegues aquí empezar de nuevo.
Cierra estas palabras como un círculo,
como un aro, échalo a rodar, enciéndelo.
Estas cosas giran en torno a mí igual que moscas,
en mi garganta como moscas en un frasco.
Yo estoy arruinado.
Estoy arruinado de mis huesos,
todo es pesadumbre.

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Jaime Sabines

domingo, 24 de enero de 2010

Líos domésticos


Reconozco que muchas, muchas veces, exagero un poco las anécdotas aquí narradas. No es que pretenda contarles inventos ni cosas que no son, sin embargo de pronto recurro a un simple recurso literario para hacer las historias aún más sabrosonas. Pero lo que aquí voy a contar es una serie de eventos desafortunados reales, sin ningún dato adicional ni exagerado ni ficticio, que me ocurrieron desde que el sol arrojó sus primeros rayos hasta que la luna lució en su punto más alto...

Sólo por contexto, debo mencionar que tuve a bien invitar a mi feliz familia a compartir un lindo domingo familiar en mi dulce hogar... He aquí el triste conteo...

Lío doméstico #1:

Ante la pila de trastes sucios que desde hace días no conocían el agua y el jabón, decidí amanecer muy "hacendocita" y poner en orden la cocina que generalmente es lo más caótico en este hogar merodeado por gatos. Ya enfilada, decidí limpiar el refrigerador por si sobraba mucha comida y no tenía lugar donde ponerla... Por cierto... ABORREZCO LIMPIAR EL REFRIGERADOR.

Una vez que encontré alimentos que ya albergaban colonias enteras de habitantes no deseados, concluí que aquello no podía ni ir a la basura (además, Dios sabe cuánto se tarda el servicio público para recoger los desechos) y, siguiendo la lógica aprendida en mis años mozos, puse algunas cosas en la licuadora para después darles el último adios en el fregadero.

La primera tanda salió perfecta pero en la segunda algo comenzó a oler mal... literalmente. Cuando reaccioné, la licuadora destilaba el peor olor a cable quemado y parecía tren de vapor echando humo para todas partes... Oh por Dios... ¡Quemé la licuadora!

Lío doméstico #2:

Cuando reparé en aquella pestilencia, de inmediato apagué todo y comencé a echar, poco a poco, el contenido al fregadero. Y si especifico el "poco a poco" es porque la infraestructura de esta casa merodeada por gatos es un poco vieja, y la experiencia me había enseñado que la tubería se tapa de solo verla. Sin embargo, al arrojar el frustrado y mal triturado contenido "poco a poco", descubrí que en efecto se estaba tapando, así que dejé el vaso de la licuadora a un lado para tratar de arreglar el problema... sin embargo... Oh por Dios... ¡Se me regó todo el contenido y se tapó absolutamente todo!

Lío doméstico #3:

La lógica doméstica me hizo reaccionar de inmediato y fui de inmediato al baño por la bombita esa cuyo nombre desconozco pero que sirve para hacer vacío y destapar apuros como este. Sin embargo lo hice y nada, un segundo RCP a mi fregadero y nada... Y después... el asco de saber en dónde suele estar aquella superficie en combinación con las uvas mal trituradas... AAAGGGGGG!!!! Realmente asqueroso...

Me ahorraré los detalles y sólo diré que, ante eso, salí corriendo al súper por un Drano, Destopelop o como quiera que se llame... Llegué esperanzada en que tenía la solución en mis manos y vacíe el contenido de tremenda botella roja suponiendo que en 30 minutos el desperfecto quedaría arreglado... Casi a tiempo antes de que llegaran mis visitas.

Lío doméstico #4:

Y como la función debe continuar, mientras esperaba la magia del destapacaños me dispuse a preparar algo rico para mis invitados. Limonada preparada y un pico de gallo delicioso y fresco para el calor (en mi familia el "Pico de Gallo" no es sólo la revoltura esa para molletes, es un asunto rico con jícama, jugo de naranja y cacahuates enchilados). Según yo, tenía en mis reservas un par de jícamas hechas para los dioses... Oh por Dios... ¡Mis jícamas estaban incomibles!

Lío doméstico #5:

Después de espulgar severamente y con ojo inquisidor los cachitos de jícama que se salvaron, decidí preparar una rica limonada preparada. Saqué los intrumentos de trabajo: Jarra, polvo de limón instantáneo y agua mineral. Chepina estaba a punto de dar cátedra cuando... Oh por Dios... ¡Abrí el refresco y explotó todo el gas!

Lío doméstico #6:

Los primeros invitados llegaron más temprano de lo que imaginé. Apenas había resuelto el cochinero cuando mis papás hicieron su feliz aparición. Mi papá se ofreció a repararme la tapadera del caño, pero pidió herramientas y en esta casa, merodeada por gatos, las herramientas aún no forman parte del inventario. Así que fui al carro a ver si algunas de las que ahí vienen servían de algo, cuando mi madre de pronto me dio la noticia... Oh por Dios... ¡Tu llanta está muy baja... creo que anda ponchada!

Lío doméstico #7:

Exploté, salí en el auto, busqué quién la revisara, todo cerrado (feliz domingo) y después de ir por las pizzas no me quedó más remedio que ir a la gasolinera a que el buen joven le echara aire a mi desairada llantita.

Lío doméstico #8:

Cuando todos llegaron y comimos muy tranquilos sospeché que no podía pasarme nada más el día de hoy. Pero terminó la comilona, se lavaron los trastos, ayudé a secarlos para que cupieran los demás y... Oh por Dios... ¡Rompí un vaso!

Esta serie de eventos desafortunados sucedió, créanmelo o no, en menos de 24 horas. De haber sabido cómo pintaba mi día, no hubiera sacado un solo pie de mi cama... Ni modo, sólo así se aprende y mañana, bendito el Creador, será otro día...

jueves, 21 de enero de 2010

Lista de pendientes


  • Necesito volar muy alto.
  • Necesito paciencia.
  • Necesito correr un maratón para cansarme y no pensar.
  • Necesito fuerza.
  • Necesito una pila nueva para el control remoto.
  • Necesito secarme por dentro para dejar de llorar.
  • Necesito cocinar mis verduras congeladas.
  • Necesito dejar de mirar el dedo anular de mi mano izquierda.
  • Necesito frenar a mi mente, volatil, ideática.
  • Necesito recordar las cosas buenas de la vida.
  • Necesito bajar la lonja navideña.
  • Necesito concentrarme en mi trabajo.
  • Necesito lavar mis sábanas.
  • Necesito más días de sol para aclarar mis sentimientos.
  • Necesito, por sobre todas las cosas, tener fe... mucha fe.

miércoles, 9 de diciembre de 2009

Como una mariposa



Había una vez una pequeña oruguita llamada Patty. Como cualquier niño, Patty era curiosa y le gustaba ir de paseo a las últimas ramas del árbol donde vivía con su madre; después de jugar miraba hacia el cielo y cuando veía volar a alguna hermosa mariposa, la llamaba desde lejos para preguntarle: "Señora Mariposa, ¿ qué se siente ser tan bella y volar por los aires?" Todas las entrevistadas, para molestia de Patty, se iban sin decirle absolutamente nada. Ella se prometió que cuando fuera una mariposa, siempre tendría tiempo para atender a las pequeñas y curiosas oruguitas. Fue hasta que un buen día que una de ellas, ante la pregunta "qué se siente ser tan bella y volar por los aires", le contestó con voz suave y serena: "Algún día lo sabrás... algún día lo sabrás". Por supuesto, esa respuesta fue para Patty mucho peor que el silencio. No había entendido nada.

Un día la oruguita supo que había llegado el tiempo de tejer su capullo. Así lo hizo, y una vez en él pasó muchos días durmiendo un lindo sueño. Cuando llegó la hora, de aquel capullo salió Patty convertida en una hermosa mariposa... Como era de esperarse, disfrutó desde el primer momento el cielo, la brisa que impulsaba sus alas, y vio todo lo que siempre imaginó y que nadie había querido contarle. Entonces, feliz, encontró en la rama de un árbol a una pequeña oruguita que, así como ella, estaba ansiosa por preguntarle qué se siente ser tan bella y volar por los aires. Patty se acercó, y con voz suave y serena le dijo: "Querida oruguita, algún día lo sabrás..."
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El título de este cuento se llama "El árbol de los sueños", y pertenece a una hermosa colección que mis padres solían leernos a mi hermana y a mi cuando éramos pequeñas. Hasta el día de hoy, la historia de Patty y la enseñanza del texto hacen que varias lágrimas escurran por las mejillas de los miembros de mi familia.

A mi siempre me emocionaba cuando mi papá nos leía con mucho énfasis y efectos especiales este cuento en particular. No sé qué me gustaba más, pero la mariposa de la portada me podía encantar, y tengo la ligera impresión que en algo influyo para que el día de hoy tenga una especial predilección por la imagen de las mariposas: las tengo en pulseras, collares, aretes, un precioso anillo y especialmente en un dije que mi madrina me obsequió en mi bautizo y que es prácticamente mi favorito.

Alguien a quien quiero mucho acaba de decirme que cuando algo te gusta es porque te identificas, y aunque siempre he considerado que volar no es lo mío, creo que he aprendido, así como Patty, a identificar con mis antenitas el momento de tejer el capullo y cambiar de forma... Esos han sido los ciclos de mi vida, y, aunque duela la transformación, he aprendido que tener mis propias alas ha valido la pena. Todo este relato sentimental tiene un por qué.

Yo siempre me consideré una Patty más que habita en los árboles... mis procesos de vida, por extraño que parezca, siempre son más lentos que los del resto de la gente. Digamos que siempre, desde que tengo memoria, he sentido que nomás no encajo como todos los demás. Dentro de mi familia nuclear soy la más pequeña; en la rama paterna de mi árbol de los sueños también soy de las primas más jóvenes, por lo cuál, cuando yo apenas aprendía a amarrarme las agujetas mis primas ya iban a la secundaria; cuando todas comenzaron a maquillarse yo apenas aprendía a ir al baño sola; cuando comenzaron a tener novios a mi no me aparecía ni el primer barro y por supuesto, cuando hablaban de bodas y pañales yo apenas comenzaba a tener novio. Mi desface es evidente y permanente. Y no sólo en lo familiar... las amigas también comenzaron a coleccionar experiencias interesantes mientras yo simplemente las escuchaba, y en secreto, me moría de celos por vivir lo mismo lo más pronto posible. En esas desesperaciones, mi papá, con la misma voz con la que solía contarme el cuento, siempre me decía "No te preocupes... algún día lo sabrás".

Y hoy, que de pronto siento que oprimí el Forward X16 en el DVD de mi vida (porque en un año he tenido más experiencias de las que todos mis diarios juntos pueden atestiguar), comprendo el significado de esa frase que, como la oruguita, no lograba comprender en un inicio. En el trabajo, en las emociones, hasta en las nimiedades domésticas que implican la vida en solitario (una gotera el pie de mi cama y un edredón casi en llamas cuando intenté secarlo son un ejemplo de estos grotesos detalles, tal como el remedio casero para la tos que, irónicamente, en vez de curarme me provocó un asco tremendo y un cuasivómito)... Todo lo que hoy siento, vivo y soy es exactamente lo que esperé que alguien me contara, pero que nadie podía describirme con exactitud... Dejar que la vida te sorprenda es, sin duda, ese primer vuelo de una mariposa que va reconociendo sus alas, su nuevo cuerpo, su capacidad de llegar más lejos de lo que algún día imaginó.

Necesitaba con urgencia expresar esta reflexión insulsa que llegó a mi de golpe y porrazo... Sólo espero que mis papás no descompongan la computadora... hasta acá llegan sus lágrimas...

martes, 27 de octubre de 2009

Sincronía


Como no siempre tenemos un diccionario a la mano, muchos de nosotros (supongo) asociamos una palabra o concepto con algo que, sin darnos su definición exacta, nos hace entender su significado. Eso solía ocurrirme cuando escuchaba a alguien hablar de la Sincronía.

Sincronía me remite de manera inmediata a los Juegos Olímpicos, a todas esas chicas con lindos trajes de baño y gorritos simpáticos que al unísono hacen maniobras y acrobacias debajo del agua al ritmo de una misma melodía. Sincronía también me lleva a ese tipo de comida rápida donde dos tortillas con jamón y quesito se "sincronizan". Sin embargo ninguna clase de curiosidad me había llevado al tumbaburros para conocer la exacta definición del término... hasta hoy.

Antes de eso develaré en este espacio un poco de mi historia médica. No es que me encante hablar de mis achaques treintañeros, ni tampoco que intente por todos los medios posibles jugar al Doctor House (perdón, son una fanática sin límite ni cura)... les aseguro que todo tiene su razón de ser.

En mis años mozos solía ser una niñita platicona y curiosa que consumía con tremenda pasión todo producto audiovisual que caía en mi presencia. Las videocaseteras BETA eran la novedad, y Videocentro era un reciente negocio que pintaba para ser el hit de la década. Así mi papá, siempre preocupado por estar IN en rubros tecnológicos, nos rentaba cualquier cantidad de caricaturas y películas aptas para los ojos de sus pequeñas hijitas. Una vez se le ocurrió rentar una animación con un ratoncito que tenía una Aventura Inolvidable, que iba y venía solo por el mundo... oh terrible error! Raquelito lloró de principio a fin porque no podía imaginar que un ratoncito anduviera solo por ahí sin su mamá. Poco después rentó "La araña Charlotte", cuya anécdota es la amistad entre una araña que se convierte en madre y el puerquito de una granja. Segundo terrible error. Raquelito lloró de principio a fin porque las arañitas se quedaron sin su madre y el puerquito quizo cuidarlas.

Angustias de ese estilo fueron los mayores pesares de mi entonces joven existencia. Sinceramente, no recuerdo otra cosa que pudo haber encendido los focos rojos de una neurosis en potencia.

Un día, según cuenta la leyenda urbana, mi mamá fue a recoger a sus hijas de su clase de Catecismo que impartían unas monjitas que vivían cerca de una panadería (eso y el chicle de plátano que pegué en el librito son los únicos buenos recuerdos de aquellas aburridas sesiones). Y justo saliendo de ahí notó que una de sus hijas había sufrido una transformación digna de cualquier circo de fenómenos: Raquelito tenía, de su lado derecho, ojo, boca y dedos de pies y manos completamente inflamados. S.O.S.

Mi pediatra nomás no dio en el clavo, así que luego de algunos episodios similares, de largas pruebas de alergias y de muchos lunes de vacunas (que compartía con mi vecinito Fernando, compañero de batallas y de hermanas mandonas), caímos con un homeópata que usaba los lentes en la punta de la naríz y en las consultas te miraba con la gafa a medias, como si no supiera uno pa donde iban los ojos. Años y años de chochos finalmente acabaron con mi intermitente y lastimero semblante de elefante. Según pintaba la vida, ese era el punto final en el historial médico.

Pasaron los años, cambiamos de siglo, y comenzando el presente mes de octubre sentí unos chispazos extraños en el ojo derecho. Brincaba cual si quisiera rentar un brincolín tres horas para él solito. Al día siguiente ese bailongo se conviritió en pachanga, donde mi ojo y boca del lado derecho se inflamaron cual vil elefantito, como cuando era niña. La hinchazón y yo acudimos al homeópata y me dijo que este era un cuadro nervioso llamado Angioedema y que se transmite de manera hereditaria. Le comenté lo que me ocurría de pequeña y me dijo que era lo mismo, que eran eventos desencadenados por episodios nerviosos. Supongo que mis angustias por los animalitos sin mamá me lo desató en aquel entonces, y ahora es simplemente el resultado de una colitis que afortunadamente se mudó a otro lugar y le rentó la casa vacía a mi antiguo mal.

Ese día de octubre la solución fueron unos chochitos (de nueva cuenta) y muchas ganas de no volverme a sentir así. Pero el mal volvió, solo que ahora del lado izquierdo. Alarmada le llamé al doctor, quien al escuchar mis síntomas me dijo que estos son asuntos de cuidado, pues puede derivar en una parálisis facial. S.O. S. again. Llamen a los paramédicos.

Estando ahí en la revisión le comenté al doctor un sueño que, ante sus palabras, cobraran un extraño sentido. Dos noches antes soñé a mi abuelita materna, acostada en la que fue su cama, con la boca chueca. Lo interpreté como una tétrica señal. Pero cobró más significado cuando mi madre presente en el consultorio trató de hacer memoria ante la insistencia del diagnóstico de que mi achaque es asunto de genes. De pronto, ¡paz! recordó que su tía Luisita, hermana de mi abuelita Raquel, había tenido parálisis facial en las fechas de su boda. Mi cara se horrorizó. Aquello fue una especie de señal, de advertencia, de aviso.

El doctor escuchó aquello y, en su calidad no sólo de homeópata sino de psicólogo, nos explicó que ese tipo de eventos "causales" (adoro ese termino kundereano) se llaman SINCRONÍAS, y tienen más características positivas que negativas. SINCRONÍA es, según lo define la Real Academia de la Lengua, "Coincidencia de hechos o fenómenos en el tiempo". Si nada de esto hubiera pasado, quizá nunca hubiera sabido la definición exacta del término en el buen castellano, que le aporta a mi vocabulario una nueva explicación para fenómenos tan raros como este.

El control de mi estrés, un tratamiento de chochitos, hartas dosis de complejo B inyectado y la sincronía de mi sueño son, según el doctor, las certezas que descartan la parálisis facial en mi caso. Sin embargo mi miedo sigue ahí.

El mapa de nuestras enfermedades y padecimientos está escrito en todos los lugares de nuestro cuerpo, recordándonos que hasta los villanos más temidos tienen memoria y regresan para hacer de las suyas ante cualquier cosa que detone su retorno. Todos los días se aprende algo nuevo, y hoy, definitivamente, tengo muchas lecciones nuevas con las cuales irme a la cama.

viernes, 23 de octubre de 2009

Torta de Bebé



¿Se han preguntado alguna vez el por qué de la expresión "trae torta bajo el brazo" cada vez que una familia está a punto de recibir la llegada de un bebé? No me imagino a las pobres cigüeñas, que bastante tienen con viajar desde tan lejos con semejantes paquetotes en el pico, despidiendo todos los olores de un bolillo relleno de milanesa, de jamón con queso, con pollo y frijoles o ya en el peor de los casos de todos los ingredientes de una torta cubana o de carne al pastor. Y digo, me queda claro que esto es como una analogía de abundancia que casual o causalmente llega en racha cuando un bebé está en camino, pero... ¿por qué una torta? ¿No podía traer un coche bajo el brazo? Quizá eso sería un mayor desafío para las aves parisinas...

El caso es que ante la inminente llegada al mundo de Liosita 2, conocida desde ahora en los bajos mundos como Daniela, mi segunda sobrina, reflexiono con sorpresa que al igual que hace 3 años y medio cuando nació Liosita 1 (Gaby), los tiempos de cambio se han hecho más presentes que nunca, y la vida ha sido realmente generosa con el entorno en general.

Oportunidades laborales, expansión de horizontes, correcta aplicación del concepto Relaciones Públicas, y muchas otras cosas han llegado en calidad de sunami azotando sin reparo cada una de mis facetas (achis! soné como mujer de mucho mundo!)... Lo que no me explico es por qué en este fenómeno no se renueva la paciencia para con los infantes... ¡Eso sí sería de gran ayuda!

Y es que cuando una se siente en la cúspide de su vida laboral, hogareña y hasta sentimental lo menos que se espera es tener una ahijadita con la energía de 5 paquetes de Duracell (y de las pilas gordas) con una elocuencia inesperada y unas ganas de narrar oportunamente todo el acontecer de su vida diaria, emocionada por la llegada de su hermanita y con modos un tanto toscos... pues así es Gabriela, quien a veces cuenta con un sentido de oportunidad tal que provoca que mi escasa paciencia se nulifique en cuestión de segundos.

No, ella no tiene la culpa. Mi desapego con los infantes es cosa añeja. Por eso cuando veo a mi hermana, lidiando con aquel tornado y con la panza redonda como una naranja, me viene a la cabeza la imagen de los famosos dibujos de Quino: Susanita (mi hermana) en todo su esplendor de vida familiar y Mafalda (yo) con trescientas curiosidades en la cabeza, un dejo de impaciencia y, contrario al personaje, con un heredado gusto por la sopita caliente.

Liosita 1 (por algo se ganó ese sobrenombre) es un encanto de niña, pero es, lamentablemente, como todos los niños: LIOSOS. Corre, brinca, salta, abraza, pega, se sube, se baja, se cae, se levanta, se rie, no come, se hace pipí mil veces, imita las malas palabras y adora estar en su castillo de princesa. Y yo me pregunto... ¿Qué será cuando llegué su hermana? Sé por experiencia propia que las menores no somos precísamente peritas en dulce, que queremos hacer todo , TODO lo que nuestros mayores hacen, queremos correr a su ritmo, desarrollamos una especie de ansiedad por estar en su misma frecuencia, en su mismo canal... ¿Ir detrás de dos niñitas pedorras y peleoneras, será acaso mi triste y funesto destino? Tal vez el mundo nunca lo sabrá.

Mientras tanto, en esta ola de parabienes y buenas vibras que la Danielita trae consigo, le pido a la vida también me llegue un poco de ese recurso tan valioso como el petróleo o el agua: LA PACIENCIA, porque si no me temo que cuando llegue, en vez de hablar de la torta que trajo esa bebé, me refiera a la torta de bebé que seguramente me comeré cuando sus travesuras lleguen al límite de mis límites.

sábado, 19 de septiembre de 2009

Nueva vida con saco morado

El solo hecho de sentarme a escribir de nueva cuenta una de las tantas y tan lejanas "Policromías" me produce un complicado sentimiento que va desde el miedo hasta la feliz emoción. Por razones propias de la naturaleza y vorágine de la vida moderna (me gusta encontrar momentos para escribir "vorágine"), cada vez me cuesta más trabajo hacer este ejercicio, que sin duda requeriere de una disciplina y una dedicación que ya no tengo más.

2009 ha sido un año realmente difícil. Pregúntenselo al Pop con la pérdida de Michael Jackson; pregúntenselo a Obama y la crisis mundial, pregúntenselo a Calderón, a los padres de los niños que murieron en una guardería, a los taxistas, comerciantes, maestros, clase baja, egresados de las universidades y a muchos otros sectores que particularmente este año hemos padecido más que nunca los estragos de la crisis financiera. Pregúntenselo a todos aquellos que han perdido sus pertenencias con las lluvias, mientras que, irónicamente, hace algunos meses cuidaban el agua por razones de escases. Claro que siempre habrá excepciones, así que es mejor no acercarse a políticos corruptos, funcionarios abusivos, diputados y exdiputados, gandallas, bárbaros, ladrones y musarañas de igual calibre que gozan saqueando las arcas nacionales. A ellos ni les pregunten nada, no vale la pena deprimirse más.

Sin embargo y aún con todo y CRISIS escrito con letras de sangre, la gente sigue viviendo su vida. Las familias se expanden, como mi hermana, que próximamente traerá al mundo a Liosita Dos, hermanita de Liosita Uno, alias la Niñita, que a sus 3 años está más despierta que cualquier volcán en erupción. Las parejas se casan, se divierten, se comparten, se alegran de estar juntos... de esos ejemplos tengo muchos a mi alcance, gracias a Dios. Los hombres buenos y trabajadores siguen obteniendo satisfacciones por sus logros; los enfermos se bendicen con la salud; los ciclos para muchos que se cierran y gustosamente otros se abren, la televisión no deja de darnos sorpresas de vez en cuando... en fin. No importan los malos momentos: LA VIDA SIGUE Y EL MUNDO GIRA, y eso nadie lo puede frenar.

No es que yo fuera en contra de Galileo ni mucho menos... Es solo que me queda claro que la mejor manera de afrontar los malos tiempos es programando la mente y el alma para pensar en positivo y atraer únicamente lo positivo. Lo demás está de sobra, el drama y el sufrimiento son solo eternos si uno quiere que lo sean... Y, a veces, las crisis son las mejores formas de conocerse uno mismo.

Y es que en medio de esto, solo a mi se me pudo ocurrir buscar independencia familiar, cambiar de empleo, titularme y encargarme de una linda maceta de gerberas que en medio de la humedad xalapeña sobrevive día con día entre el moho y la falta de atención. Sí, mi vida está cambiando tan rápido que solo por la oportunidad de poder tomarme unos "meses sabáticos" he podido digerir, y es que no es fácil entrar a un universo compuesto de materias tan complicadas como Cocina, Compras domésticas, Postres y pasteles, Seminario de goteras, Desperfectos hogareños y Economía de la casa. En casi todas voy apenas en primer nivel. Bueno, quizá ya me promoví a Cocina 2 (felizmente ya pasé de la sopa Maruchan y las latas de atún), y presumo que en las áreas de Limpieza tales como Barrido ideal, Trapeado de ensueño, y Sacudido impecable me exenté solita, pues esos cursos los tomé desde hace años en la casa paterna.

Pero este breve periodo no solo ha sido la sobrevivencia en soledad. También estoy aprendiendo (o más bien, reaprendiendo) que el poder de la mente es tan grande que conceptos tan olvidados en estos tiempos como LA FE pueden existir con resultados sorprendentes. Me decía un tío muy querido: "La fe no solo se concentra en lo religioso. Cada mañana te subes a tu coche y sabes que va a prender, ¿no?, seguro porque no te pones a pensar en todo el proceso que se requiere para ello, tu solo sabes que tu coche prenderá y te llevará a un lugar determinado. Tienes fe en que tu coche sirve". Con esas ideas he estado llevando mis propios pensamientos, canalizándolos hacia los nuevos cambios que aún estan por venir. Y cuando digo cambios me refier no a las cosas grandes... ¡no!

Apenas esta semana recordé que, guardados en algún remoto lugar, existen unos metros de tela morada con los cuáles mi tía Chelo me haría un maravilloso abriguito para la temporada invernal de hace 2 años. Con el pretexto de que vendría de visita, traté de recordar con la mente dónde quedó la tela y sin querer me fui enamorando de la idea de tener una prenda de mi color favorito para utilizar en momentos elegantes. La necedad de imaginarme envuelta en tal maravilla me hizo traer la idea en mi mente por días enteros, hasta que llegó la noticia de que mi tía Chelo no vendría y decidí que, apesar de ello, llevaría la tela con el sastre para poder ver mi nuevo caprichito cristalizado. El jueves recibo un mensaje de auxilio para ayudar a mi amiga Gis a una traba cibernética, así que acudí a tal llamado gustosa y feliz. En el cotorreo salimos de compras, me llevó (debo decir que ni siquiera puse objeción alguna) a un lugar maravilloso de ropa muy económica y mientras miraba y miraba, una luz iluminó un gancho blanco con un hermoso saco morado de terciopelo. ¡Y me quedaba a la medida! Sin más ni más y con el presupuesto destinado a la partida de Quesos y Embutidos compré el maravilloso saco que, una vez en casa, usé hasta para cocinar. Eso sí, cuando llegó el Amor de mis amores con la tripa mordida pidiendo una dotación de hot dog, tuvo que conformarse con ver a su novia envuelta en morado... "¡Lo siento Corazón, eran salchichas o moda!", dijo la feliz modelo.

Así, como este jocoso pero real evento, creo que debemos manejar los tormentos de la crisis. Me refiero a la cuestión de la fe, pero no la fe malentendida de sentarse a esperar que sucedan las cosas, sino aquella donde nosotros sembramos y ponemos de nuestra parte y, cuando llega el momento, nos sentamos a esperar que llegue la buena cosecha, sabiendo (con la fe) que ésta será buena y adecuada para todos.

Es extraño como una palabra tan pequeña encierra un concepto tan inexplicable... Fe. Mientras la vida sigue su curso, como dirían los Beatles, yo seguiré viviendo como lo hace el resto de la humanidad, haciendo cosas y esperando, añorando, deseando con todas mis fuerzas, que aquello que yo propicio con buenos pensamientos llegará e incluso, se multiplicará.

miércoles, 5 de agosto de 2009

Algún día...?


Hoy me pregunté muchas cosas: si soy bonita, si estoy lo suficientemente delgada, si soy lo suficientemente joven para lidiar con estrías y várices, si tomo buenas decisiones, si terminaré lo interminable, si mi futuro es prometedor, si voy demasiado lento en mi vida mientras que la de los demás avanza a pasos agigantados, si es bueno que yo apenas termine una licenciatura cuando gente de mi edad ya tiene doctorados, si es normal que yo tenga un anillo sin fecha cuando otros ya coleccionan fotos y recuerdos de felicidades compartidas, si es necesario el aprendizaje, si vivo la vida que quiero, si vale la pena preguntarse todo esto sin llegar a ninguna conclusión...

¿Algún día tendré las respuestas que necesito? ¿algún día tendré las respuestas que quiero?

martes, 9 de junio de 2009

Otro chisme de estos...

¡Amigos! Aprovechando esto de la tecnología y todas las opciones que nos ofrece, los invito a que se unan a mi TWITTER, una nueva manera para mantenerlos informados de los temas a tratar en el programa de radio "Ratona de tv", los estrenos del programa televisivo "Teatro a la Carta" y muchas otras recomendaciones que de forma breve los mantendrá informados de lo que generan tantas cabezas tan locas como la mía. 

Un saludo, sigan la tecnología ¡y sigan mi TWITTER!

jueves, 21 de mayo de 2009

Soy mi cuerpo

SOY MI CUERPO. Y mi cuerpo está triste, está cansado. Me dispongo a dormir una semana, un mes; no me hablen.

Que cuando abra los ojos hayan crecido los niños y todas las cosas sonrían.

Quiero dejar de pisar con los pies desnudos el frío. Échenme encima todo lo que tenga calor, las sábanas, las mantas, algunos papeles y recuerdos, y cierren todas las puertas para que no se vaya mi soledad.

Quiero dormir un mes, un año, dormirme. Y si hablo dormido no me hagan caso, si digo algún nombre, si me quejo. Quiero que hagan de cuenta que estoy enterrado, y que ustedes no pueden hacer nada hasta el día de la resurrección.

Ahora quiero dormir un año, nada más dormir.

***Jaime Sabines

martes, 3 de marzo de 2009

El karma de Hemingway


Cuando cursaba mi glorioso primer año de secundaria, la maestra Lupita, mujer de cabello rubio que combinaba los colores de su vestuario y accesorios con la gracia de Catalina Creel, le informó a su selectísimo grupo de estudiantes de la clase de Español la imperante necesidad de leer el libro de Ernest Hemingway "El viejo y la mar", puesto que su contenido sería parte del examen oral al que seríamos sometidos chamacos y chamacas, chiquillos y chiquillas, huevones y huevonas por igual. 

En aquel entonces el universo literario estaba lejos de ser una prioridad en mi existencia, y la simple idea de leer algo relacionado con el mar me parecía poco emocionante (soy signo de tierra, por lo cuál el entorno acuático no me provoca ningún sentimiento particular). Así que, como lo haría cualquier estudiante del mundo, dejé que el calendario corriera sin piedad hasta que, un día antes del mentado examen oral, me vi en la forzosa necesidad de hacer algo que años después conocería como "lectura selectiva": abri el libro en una página al azar, leí únicamente las primeras oraciones de cada párrafo, y al despuntar el alba me enchufé el uniforme y encomendé mi alma a algún santito perdido (ignoro si exista alguno para las causas perdidas de estudiantes en desgracia) para que las preguntas de la maestra Lupita coincidieran con la incipiente lectura que acababa de hacer.

Así pues, con todo el 1o. B afuera del salón, esperando a ser nombrados uno por uno para pasar al matadero, tocó mi turno... ¡Adiós mundo cruel! Entré a la gris aula, la maestra Lupita tomó asiento y me ordenó que me quedara de pie frente al escritorio; abrió su libro, revisó meticulosamente algunas páginas y soltó una pregunta que, para mi buena estrella, coincidió a la perfección con mi lectura. ¡Gracias al santito de las causas perdidas por semejante milagrito! Aquella prueba que me puso los nervios de punta fue acreedora a una buena calificación, sin embargo mi relación con Hemingway y su "viejo y el mar" quedó fracturada para toda la vida; el libro aun es parte de mi biblioteca particular, pero es de esos ejemplares que prefiero tener como pieza de museo: "Ver, no tocar".

Años han pasado desde entonces y pese a mi inquebrantable postura de no formar NUNCA JAMÁS parte de las filas de la docencia en este país, la vida me lleva por caminos distintos, por lugares insospechados y por decisiones nunca antes imaginadas, con lo cuál debo confesar, queridos lectores, que hoy imparto mis conocimientos sobre edición televisiva a 8 chamacos de octavo semestre en la licenciatura de Comunicaciones. Ja. Me río de mí misma. 

Las situaciones que me motivaron a esta absurda decisión no serán platicadas en este destacado espacio, pero si debo decir que en cuanto llegó a mis manos el plan de estudios me dije a mi misma "¡Estos chicos podrían hacer un documental muy padre sobre algún libro bonito, aprenderían a realizar muchas cosas, se quedarían con una buena lectura y con todo esto se cumple el objetivo de la edición!"... OHHHHHHH, pero qué ilusa maestra primeriza. En las primeras clases les expuse a mis educandos la idea y dejé en sus manos la elección del texto a explorar, títulos que se redujeron a "Cien años de soledad" y "el código Davinci". No es menospreciar a nadie, pero para tener más de 20 años estos niños podrían sugerir historias más interesantes y más alejadas de "Juventud en Éxtasis", sobre todo cuando ya cursan el OCTAVO semestre de una carrera que precisa la cultura general en buen nivel. "Y hablando de cultura", expuso la maestra en su clase, "voy a ponerles un examencito, a ver cómo están en cuestiones muy generales..." ¡Santos problemas Batman! ¡Santos brutos Batman!

Al leer que para ellos Doroteo Arango (nombre real de Francisco Villa) fue el esposo de la Corregidora de Querétaro, y que un cargo vitalicio dura nada más ni nada menos que 8 años, se disparó a alarma que me dijo "Houston, tenemos un problemóooooooooon", por lo cuál la siguiente clase me vi enérgica y les impuse el título a leer: "La sombra del Caudillo". Sin engañarlos en los motivos, les dije que era un acercamiento a la historia no oficial de la Revolución Mexicana y que este texto de Martín Luis Guzmán sería riquísimo en cuanto a temas y opciones para la realización del trabajo final. Y claro, los puse a calificar solitos sus examenes de cultura general para que le tantearan el agua a los tamales (¿o son camotes?). 

Las clases han pasado y ayer se armó un zafarrancho, un sanquintín, una ecatombe, un tirititito: los chicos expusieron que deliberadamente tenían mejores cosas que leer en sus tesis y que no estaban de acuerdo con la lectura propuesta. Mis pestañas se erizaron del puro impacto. Su rebelión estuvo tan poco sustentada que dieron razones sin razón, dijeron tontería tras tontería, y dejaron en evidencia que su negativa era simple y sencillamente producto de la pereza. Según ellos, quieren aprender a editar, y según ellos, mi plan de estudios no incluye ese rubro. Ja. Me rio de mí misma una vez más. Ingenua maestra planeando estrategias y métodos novedosos para impartir la materia de la manera más ligera y el pueblo entero se levanta en armas.

Excuso decir que ante el discurso mal planeado de mis rebeldes, poco a poco el apellido más fino que tengo (y el más iracundo también) comenzó a subir cada vez más de nivel, hasta que de plano les dije "¡Si quieren editar nada más, traigan sus videos de quince años y sus fotos familiares, les ponemos efectitos de estrellitas y corazones y listo!". Tan fea se puso la cosa. Después entré al plano de la negociación: "Perfecto, si ustedes me dan una buena razón y una buena alternativa para esta clase la tomo sin repelar". Pobres almas en desgracia.... diría Ursula, la bruja malvada del mar de "La Sirenita".  Nadie dijo nada más que pura paja. Al final de una hora de discusión, un imprudente chamaquito dijo "Maestra, esto va a venir en el examen, verdad?" ¡¡¡¡Llamen a los Cazafantasmas!!!! ¡¡¡Un demonio me va a salir!!!! De plano les dije "Chicos, la idea de la lectura es para que todos conozcamos el tema del que vamos a hablar, pero ya están bastante grandecitos para hacerse responsables de sus actos y si no lo quieren leer ¡pues no lo lean!... ¡Por favor, ya superen la secundaria!!" Mi amiga la Chismosa, que gusta de la tragedia ajena y busca siempre lucrar con el sufrimiento de los demás, (como buena Chismosa que es, sino no seríamos amigas) jura que este material podría aplicar para un reality show, con todo y sus escenas célebres como la hoy descrita.  

La hora terminó, el receso llegó y la siguiente hora de clases todos fuimos tan felices como siempre, claro, con una victoria limpiamente ganada a favor de la maestra en ciernes. Hoy "La sombra del Caudillo" será el tema principal del trabajo y todo esto ¡porque lo digo yo! 

Claro que este mal rato tuvo algún origen, y no puedo más que echarle la culpa a él, a Hemingwey y su anciano marítimo, que a años de distancia se mofan de mi buena estrella y enviaron un karma en la cara de 8 chamacos que no quieren leer un libro, así como yo me negué en un inicio a leer tan famoso y destacado relato sobre un viejecito y sus aventuras en la mar. 

martes, 24 de febrero de 2009

... happy birthday to you

Uno de mis grandes ídolos de todos los tiempos celebró el pasado 20 de febrero un cumpleaños más en este planeta tierra. 

Este gusto tan polémico y escasamente compartido merece todos los tributos y todas las felicitaciones, por eso pongo esta retrospectiva de ese muchachón tan pero tan pero tan malo y peleonero como atractivo y carismático: Sir Charles Barkley.

lunes, 8 de diciembre de 2008

sábado, 25 de octubre de 2008

Talento para chillar


Husmeando como es mi costumbre en los periódicos en línea (donde, confieso, sólo leo lo que más llama mi antención y no las notas importantes del acontecer nacional y/o mundial), encontré la noticia más simpática, creo yo, de toda la temporada: En Querétaro, específicamente en San Juan del Río, se realizará a propósito de las celebraciones de Todos Santos, el segundo Concurso nacional de Plañideras. 

Vamos por partes. Para aquellos jóvenes que creen que este término suena a grosería, corro de inmediato al diccionario y transcribo textual la definición:

Plañir.- Llorar y clamar una pena. 
por tanto
Plañidera.- Mujer que llora y grita en los funerales.

La nota del periódico Excelsior dice así:

"Un inusual certamen convoca en Querétaro a mujeres con talento para soltar la lágrima. 

Querétaro.- Si usted tiene entre 15 y 99 años y además posee la habilidad de soltar el llanto fácilmente, esto le interesa. 
El próximo 1 de noviembre, en el marco de la conmemoración del Día de Muertos, el municipio queretano de San Juan del Río realizará el Segundo Concurso Nacional de Plañideras en el que, como dice la canción de José Alfreo, todo será "llorar y llorar".

Gustavo Ríos Garduño, coordinador de Turismo de San Juan del Río, explicó que el certamen busca rescatar una de las tradiciones más importantes en materia de culto a la muerte y dar vida a leyendas que han sido olvidadas en el país. 

Detalló que las participantes deberán estar en el rango de edad citado, tener "talento para llorar" y deberán presentarse vestidas de velo negro de encaje y rebozo. 

"Los premios serán de más de 10 mil pesos, (pero) estamos esperando otros patrocinadores para que nos den más premios. El año pasado, hay que recordarlo, participaron 11 plañideras. En este momento ya se han inscrito de distintas partes de la República. Tenemos a ocho mujeres inscritas, más todas las mujeres que participaron el año pasado que son de aquí de la región".

De las participantes se seleccionará a 15 finalistas, quienes deberán llorar durante un minuto a la memoria de algún personaje público, cuyo nombre será sorteado..."

En tiempos pasados, cuando alguien moría, sobre todo en los pueblos, había mujeres plañideras con el atuendo antes citado, que iban a dar tremendos chillidos, según entiendo, para que la demás concurrencia que asistía a dar sus condolencias se contagiara de este sentimiento y terminara, irremediablemente, echando lágrima por el difuntito. Esto era algo muy común y estos personajes eran tan conocidos entre la sociedad como el sacerdote, el médico, la mestra, etc.

"... La tradición de pagar a mujeres por llorar y brindar compañía durante un sepelio es ancestral y ya en el antiguo Egipto se recurría a ellas.

Algunos frescos localzados a orillas del río Nilo dan cuenta de que este oficio no era solamente una figuración teatral, sino una parte fundamental del ritual funerario en el que los lamentos de las plañideras se mezclaban con los rezos de los sacerdotes y danzas de otros asistentes. 

Era una práctica que solía transmitirse de madres a hijas y ellas eran las encargadas de dejar constancia pública del duelo de los familiares del difunto. 

Algo similar ocurría en el México prehispánico, en donde las crónicas de la Colonia detallaban el asombro de los españoles ante la capacidad de llanto de los nahuas, en especial a sus difuntos. Algunos relatos señalan que las plañideras lloraban durante los primeros 40 días posteriores al deceso y que en función del número de ellas se identificaba la importancia de la persona que había perdido la vida. 

Durante este periodo, las participantes en el ritual no se lavaban la cara y al final se reunían para limpiarse los residuos de llanto y tierra, que eran depositados en una vasija." Detalla la nota periodísitica. 

Hoy en día que el mundo parece insensibilizado ante tantas y tantas malas noticias que llegan de porrazo, resulta una maravilla absoluta que exista un concurso para fomentar de nueva cuenta esta antigua tradición... ¿Se imagina usted que le den un jugoso premio por llorar cuando le digan el nombre "Andrés Manuel", "Felipe Calderón", "Elba Esther Gordillo" o "Adal Ramones"? ¿Qué tal que le digan: ¡El dólar se compra en 15 pesos! ¡Subió de nuevo la gasolina! ¡Habrá recortes presupuestales y despidos!? ¿No lloraríamos todos como Magdalenas ante el panorama que vivimos este turbulento 2008 y lo que nos espera?

A mi la verdad se me antoja mucho este concurso. La oportunidad exacta para desahogar tragedias, traumas, enojos, berrinches, dolores y demás sentimientos de la misma índole. Aunque yo no soy de lágrima fácil, ahí se me saldría el chamuco mismo que me invade cuando veo las cuentas bancarias por pagar, los costos de una boda, mi saldo el fin de quincena, el tráfico horrible, la mala televisión, la pobreza, la contaminación, la inseguridad, las injusticias laborales y sociales, las peleas con el novio... ¡AAAAAHGGGGGGGG! Nomás de escribirlo me ha salido una que otra, quizá me estoy preparando de manera intensiva. 

Esto, claro, no es el punto central de tal convocatoria. La idea es rescatar una de tantas tradiciones arraigadas en México ante la milenaria y quizá misteriosa costumbre de rendirle culto a la muerte (entre la pena y la risa), así que nada mejor que el primer y único Museo de la Muerte como escenario perfecto para tal sesión de llanto, en medio del olor a incienso, del color del cempazúchitl, del brillo de las mandarinas y las ollas de los altares, siempre acompañadas de las fotos de los difuntitos. 

Bien lo dice la nota parafraseando a José Alfredo Jiménez: "llorar y llorar, llorar y llorar..." Esta expresión humana tan reprimida en el mundo moderno, también debería ser alentada entre el sexo masculino. No sería malo tener un concurso nacional del Plañideros, al fin y al cabo los hombres también tienen muchos motivos para ponerse sentimentales: pagar cuentas, pagar gasolina, lidiar con los emotivos y eufóricos procesos hormonales femeninos, la caída del cabello... ¡Pobrecillos! ¡Cuánta tensión! En verdad necesitan una buena excusa para llorar a sus anchas... y hasta llevarse un cuantioso premio. 

Así que... ¿Quién se apunta? (Los interesados favor de llevar su cajita de Klennex, por aquello de moco tendido e imparable en estos casos...)

lunes, 6 de octubre de 2008

Día Mundial del Correo


Este año ha sido particularmente de poca lectura, sin embargo, las palabras de un libro al que le tengo un peculiar cariño (aquí entre nos, me lo regaló un fan de las Policromías), "Sobre el oficio literario", me vinieron muy al caso después de descubrir que el 9 de octubre es el día Mundial del Correo

Dicho libro es una bonita recopilación de reflexiones que algunos escritores han hecho sobre el arte de la escritura, y lo interesante es que las traducciones al castellano las hicieron grandes hombres de las letras tales como Sergio Pitol. Y es precísamente él quien nos cuenta, desde la voz lejana, lo que E. M. Forster meditó sobre el Anonimato. 

Ambos, Forster y Pitol, nos llevan a pensar lo importante que resulta que un documento oficial, por ejemplo, lleve un nombre y una firma que le otorgue credibilidad; o bien, en el caso de los poemas o las novelas, resulta más impactante cuando sabemos quién está detrás de semejantes glorias (y cómo el nombre del autor suele ser referencia en futuras lecturas, para bien o para mal), que cuando algo termina siendo "Dominio público", por ejemplo. ¡Y ya ni se diga de la correspondencia!

En los siglos pasados las cartas eran el gran medio de comunicación, la posiblidad de que uno pudiera estar en contacto con sus seres lejanos y queridos, la mejor manera de sostener amores prohibidos, o bien, eran ellas las causantes de las grandes guerras y las peores tragedias (la confusión del pobre Romeo al creer a su amada Julieta muerta sucede por una carta que por lentitud del mensajero él jamás leyó). La emoción de recibir una misiva es, aquí y en China, la más grande, punto. 

Este asunto del Anonimato y su contrario, la personalización de un texto, me viene a la cabeza porque en alguna época de mi vida, sin yo quererlo, el correo se volvió mi gran recurso, mi gran aliado. A los 10 años, cuando vivía en Oaxaca, comencé a sostener una relación vía postal con Martha Laura, una tía muy querida a quién no había visto físicamente, pero que propició un intercambio que me permitió conocerla, saber de su nueva vida al lado de mi tío, su embarazo ¡y hasta me enteré de los detalles del cuarto de la bebé! Luego llegué a Xalapa y la única opción para saber de mis lejanas amistades era el correo (el teléfono y yo no éramos amigos en ese entonces). Esa comunicación fue menguando poco a poco, pero después conocí a Gisel, y gracias a que no coincidimos en ningún salón de clases en ese entonces, todos los recreos nos veíamos para darnos nuestras respectivas cartas, donde nos platicábamos nuestros más oscuros secretitos con los minigalanes en turno, comentábamos sobre los problemas familiares con las hermanas mayores y, por supuesto, dejábamos por escrito los pormenores diarios de nuestras novelas favoritas. Hoy tengo una caja llena de estas simpáticas notas, que años después se convirtieron en recaditos del salón de clases, con mejores y más apasionantes chismes en su interior. 

Y aunque es el sueño de todo escritor frustrado, mis relaciones sentimentales (desafortunadamente) han estado carentes de este elemento tan emocionante que son las cartas. Sin embargo, en algún lejanísimo momento probé mis dotes de villana de novela al asediar a un pobre incauto con anónimos perfectamente bien hechecitos, con sus letras de recortes de revistas y todas esas maniaticadas. 

Hoy, la emoción de recibir un sobre con su timbre y toda la cosa ha sucumbido ante el correo electrónico. En estos días el viejo cliché del perro ladrándole al cartero es más verídico que nunca: hoy, estos pobres hombres lo único que arrojan al buzón son estados de cuenta, recibos, deudas y si uno se descuida hasta citatorios de Hacienda. La vieja costumbre de los abuelos de mandarse postales y plasmar con su letra manuscrita mensajes poéticos de amor se ha transformado por las ecards que te pueden cantar y hasta tocar las mañanitas. Hasta los más acérrimos enemigos de la tecnología han sucumbido ante ella, como mi tío Efraín, quien reprobaba firmar una carta escrita en computadora y hoy manda mensajitos de celular con esa moderna mala mañana de las K´s por Q´s. 

Este 9 de octubre, día Mundial del Correo, propongo que en un acto de reivindicación, todos escribamos una carta, por muy simple que sea. Quienes puedan háganlo en el papel, de puño y letra, en un sobre decorado con dibujos coquetones. Quienes no tengan el tiempo, utilicen la tecnología como el medio perfecto para mandar saludos y cariños de manera personal, no cadenas ni chistes, ni cosas parecidas. El sentido del correo, creo yo, es esa encantadora oportunidad de platicarle a otro alguien las experiencias actuales, la vida del hoy, las memorias en una redacción única y particular porque no se trata de un oficio acartonado, ni de un anónimo delator: Es una redacción propia, esa en la que simplemente escribimos como hablamos, con nuestros nombres y apellidos.

Seguiré leyendo a cuenta gotas "Sobre el oficio literario"... Quizá algún autor extranjero y su amable traductor al castellano me tengan reservada alguna interesante reflexión sobre las cartas y su importancia en la historia de la Humanidad. 


martes, 30 de septiembre de 2008

Lentes... otra vez

Ni modo... Vuelvo a usar lentes de contacto.

Después de 6 años y una operación fraudulenta vuelvo al ritual de los lentes de contacto, desde acostumbrar a mis ojos a tener un objeto extraño hasta el puesto en el baño, con el líquido y el estuche. Un panorama que observé durante casi 13 años de haberlos usado y hoy vuelvo a lo mismo, pero mejor. 



Esto de la operación no fue del todo emocionante. Parece que algo malo sucedió con mis córneas y mi aumento estratosférico del astigmatismo se debe a que éstas se fueron deformando con el paso del tiempo, por lo tanto ya no soy candidata a un retoque y debo controlar este proceso antes de sufrir otras consecuencias. Ni modín, tan verdes y bonitos mis ojitos y tan chafitas que salieron... ¡Gracias bisabuelitos, por casarse siendo primos hermanos! (miren nomás que herencia le dejaron a sus descendientes...)

Sin embargo ahora la revolución en materia de lentes de contacto está bien tremenda. Como diría un amigo: "noooooo... ¡antes todo esto era monte!" Así era en mis tiempos usar estas cositas tan pequeñitas: blandos, limpiados con suero, con sus tabletitas de limpieza...

En estos días la cosa es tremenda: los lentes (que tengo que usar de manera gradual, pues como están hechos a la medida de la córnea esta debe acostumbrarse y con esto se frenará su mal) se llaman HÍBRIDOS, ni blandos ni rígidos... Hechos a la medida y ni con el parpadeo se notan. Ahora se pueden guardar en su estuche sin solución salina ni nada y ya hasta son graduados con filtros UV para los freekes que estamos todo el día frente a una computadora... ¡Esta sí es la modernidad!



Vuelvo a los lentes... Snif... Menos mal que aun conservo la vista, eso es lo único que importa.



jueves, 25 de septiembre de 2008

El poder del anillo

Toda mi vida he sido eso que, según el diccionario coloquial define, llaman "chacharera". ¡Ah como me encanta comprarme toda clase de chunches para adornarme como arbolito navideño! Desde chiquita me hice conciente de esa herencia de la rama paterna que exploto de irremediable manera, y que me lleva a comprarme compulsivamente aretitos, pulseritas, pasadores, diademas, listones y moños para el cabello, etcétera, etcétera etcétera... Trespeseros por supuesto, pues a esta coda taurina ni sus más bajas pasiones la orillan a gastar más de lo que la bisutería que el comercio informal ofrece. Así se puede comprender  mis contadas joyitas de valor económico incluyen también un alto valor sentimental: el anillo que me dieron mis papás en mi graduación, la crucesita que me dieron en mi bautizo, los aretes que mi finada y chacharera abuelita me regaló antes de morir... Poco, pero valioso desde todos los puntos.

Hace más de un mes fui desterrada de la comodidad de mi rica camita por una pavorosa encomienda laboral: trabajar en el certamen de "belleza" Señorita Turismo. El horror hecho trabajo. El caso es que estuve en esos mares de la falsa apariencia y la desorganización total algunos meses, que me ocasionaron ganacia de kilos, ganancia de barros, estrés al por mayor, enfado brutal y por supuesto, llevaron al mínimo mis escasos límites de paciencia.  Después de una semana que parecía interminable, el último día, el del Certamen Final, amanecí feliz de la vida: sabía que al día siguiente ya no habría Señorita Turismo, que regresaría a mi casa (y a mi camita) y por supuesto que celebraría junto con el amor de mis amores nuestro 6o. aniversario de este experimento que decidimos llamar noviazgo. Desde el principio imaginé que sería una celebración posterior a la mera fecha, pues se ha vuelto costumbre esta especie de maldición o condena de todos los años el tener como escenario del festejo un velorio, una mascota fallecida, unas olimpiadas, unos juegos centroamericanos y situaciones por el estilo. La condena del anti-festejo. Así que sospeché que aquel domingo 17 de agosto sólo tendría de especial el fin de más temidas pesadillas laborales. 

Sin embargo él llamó, llegó, me esperó las 4 largas horas que duró aquel numerito y a las 11.30 de la noche aguardó elegantemente junto al elevador del hotel, me miró como si nunca me hubiera visto en un coqueto vestido que me obligaron a usar so pretexto de "dar una cara amable en el gran evento", escuchó la bola de nimiedades que me vinieron a la mente luego de una semana sin verlo y tuvo la paciencia suficiente hasta que, envueltos en la atmósfera más romántica y especial, encontró el momento exacto para respirar hondo, hincarse, observarme amorosamente y proponerme matrimonio. Por primera vez en mi vida tuve ante mi una joya tan bonita, tan limpia, tan burbujeante... 

No tuve más que ponerme aquel hermoso anillo por primera vez para sentir su extraño poder, su magia, su energía. Ni los más coquetos aretes trespeseros, ni las pulseras más extravagantes y originales que pueda tener entre mis pertenencias me han hecho sentir lo que éste pequeño anillo. Me sentí como Frodo cuando tenía entre sus dedos el anillo de Saurón (ese que enloquecía a quien lo portara); como uno de los poderosísimos Gemelos Fantásticos de los Súper Amigos que con sus anillos especiales se convertían en distintas cosas para trabajar como equipo y luchar contra el mal... Sin saber por qué, mi vida cambió desde esa noche. 




Días después vinieron el pedimento, la emoción familiar y por supuesto, la versión de todos aquellos cómplices que se enteraron antes que yo de la decisión que el amor de mis amores tomaría. Un compló muy bien tramado... Y curiosamente desde entonces me he enterado que amigos cercanos y gente conocida comienza a tomar las mismas opciones de vida en pareja... ¡impresionante torrencial de bodas e hijos!

Cuando era niña imaginaba que los aretitos, los colguijes y los anillos representaban el hecho de ser una señora en toda la extensión de la palabra. Me ponía los de mi mamá y extrañamente me sentía más grande. Hoy no necesito colgarme hasta el perico: la pequeña cosita delicada y brillante que encierra más sentimientos de los que pude imaginar, me hace sentir una persona diferente, que vivirá una experiencia absolutamente ajena a todo lo que he conocido pero que seguirá siendo la misma, la que come a sus horas, la que adora ir sola al cine, la que disfruta leer un libro, la que ha aprendido en 6 años a compartir el control remoto y ver más futbol del que desearía en la semana...